Anécdotas, Cuentos, Historias

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viernes, 24 de octubre de 2014

La casa encantada.

Del  Camellón.
Casa encantada Fot Hr.


Uno de los primeros edificios de Miraflores, fue aquel construido, en la calle que va del parque principal, hacia el viejo hospital Elías Olarte, precisamente al margen derecho, en el lugar llamado el camellón, frente a la casa de don Rosendo Toro, conocida por todos los habitantes, y turistas, por su venta de quesos, almojábanas, pan de maíz y alfandoques, entre otros manjares  locales.

Este edificio  de ladrillo a la vista, de tres pisos, de arquitectura moderna para el entonces, con cinco arcos, en sus puertas y ventanas,  fue  construido por Efraín Barreto Rojas,  oriundo de Campo Hermoso, exactamente de la vereda de  Encenillo, uno de los  pocos y primeros liberales de Campo Hermoso, quien precisamente, debió vivir en  Miraflores por asuntos políticos, casado con Soledad Roldán Cuervo,    oriunda de Miraflores, hija de Sergio María Roldán  hijo de emigrantes antioqueños y Ana Rosa Cuervo,  oriunda de la vereda del Morro.

La construcción del edificio, duró aproximadamente unos 2 años,  en el primer piso, funcionó  el almacén, el segundo piso  se uso como gran bodega y el tercero como vivienda. Allí funciono por años, una de las mayores centrales de distribución de  víveres, rancho y licores, para toda la  región del Lengupá,  desde allí se despachaba con destino a Páez, y Campo Hermoso,  en mulas de carga  todo tipo de mercancía del momento, y se vendía al por mayor mercancía que abastecía  otros almacenes comerciales del entonces. El comercio  era tan fluido en  Miraflores a tal punto que fue declarado,como el principal centro comercial,de la región, llegando a recibir Miraflores en  esos momentos los apelativos  por demás muy elegantes, de, “Perla del Lengupá, o la Puerta de oro de los llanos”.

Después, sus propietarios, debieron abandonar  de manera urgente el  pueblo por los asuntos de la  guerra de los años SIN- CUENTA,  cuando se descubrió que en una estatua con la imagen de la Virgen del Carmen, proveniente de Garagoa  y con destino a Páez, estaba llena de armas de  corto y largo alcance, y cuyo fin era el de ser suministradas a los chulavitas acantonados en la región.

Por años funciono allí en este edificio, en el primer piso  almacenes  de víveres,  hasta que fue adquirida por Oscar Rivera y Rosarito Alfonso, para desarrollar su negocio de bicicletería (taller, almacén, venta y alquiler de triciclos y bicicletas), cuentería (venta y alquiler de cuentos),  venta de álbumes, “cromos o monas” de diferentes colecciones de moda del entonces, también era  heladería, y venta de gaseosas, dulces,  y golosinas variadas;  y años más tarde restaurante y cafetería.

La bicicletería, cuentería y heladería,  que Oscar y Rosarito, instalaron en el primer piso del edificio,  hacía parte de las pocas diversiones que por años tuvimos  los niños, jóvenes adolescentes y adultos de la época, ya que en este lugar  los niños a diario, pasábamos gran parte de nuestro tiempo libre leyendo  los cuentos  de la Zorra y el Cuervo, Kalimán, Arandú, Tuco y Tico las urracas parlanchinas, Red Rider, Linterna Verde, Supermán, Tío Rico, El Santo, El llanero Solitario, entre otros más, y alquilando triciclos y bicicletas,   en las que muchos pudimos  aprender, después de unos cuantos cuartos de hora, múltiples caídas , pinchazos, accidentes, y daños a los caballitos de acero, mismos que debíamos pagar indefectiblemente, porque  todo tenía un precio  y  no había rebaja alguna.

Mientras leíamos  los diferentes cuentos, sentados, al principio en  bancas largas de madera, en  donde cabíamos tres, cuatro  o mas niños, mismas que al poco tiempo  fueron cambiadas por sillas individuales, de hierro  forradas en mimbre de  diferentes colores, también saboreamos un  helado, de vainilla, de coco, o de queso, que sabían hacer muy buenos. El préstamo de los cuentos era PERSONAL, y no se podía leer un cuento en compañía, ni  intercambiarlos, ya que  se le llamaba la atención, y si no se atendía la misma, le cobraban al infractor el doble,  lo sacaban de la cuentería, y le sancionaban por un tiempo  no  alquilándole los interesantes cuentos. Luego todos aunque queríamos compartir, o intercambiar,  no lo hacíamos por temor a la sanción. Tiempo después,   implementaron una nueva modalidad de préstamo e intercambio de cuentos  pero con un recargo adicional por los servicios prestados,  valor que se pagaba igualmente sin recato y sin objeción alguna.

La cuentería de Oscar  y Rosarito, fue una de las primeras,   pero luego le salió competencia, con otras cuenterías, entre ellas la de la familia Castillo Quintero,  y la de Tiberio Martínez, que  en su momento se volvieron  muy importantes y superaron   la de la casa del camellón. Estas nuevas cuenterías, especialmente la de la familia Castillo Quintero, fueron más flexibles, con sus clientes, tenían más promociones y condiciones diferentes, lo que  permitió una sana  competencia entre las mismas y más beneficio para nosotros los asiduos clientes.
Oscar Rivera y Rosarito Alfonso Fot. cortesía de la familia Rivera Alfonso.

En cuanto a la bicicletería, de Oscar y Rosarito, pudimos alquilar los triciclos  cuando  pequeños;  y ya mas grandecitos bicicletas,   en ellas aprendimos, sin poder movernos de la cuadra y bajo la vigilancia  permanente de Héctor Rivera, o de Nelson Rivera, hermanos de Oscar, quienes con un grito,  indicaban el tiempo y le señalaban como actuar, y cobraban por el servicio.  

Después de saber maniobrar bien, el caballito de acero, podíamos salir a dar  vueltas por el parque principal y los más  experimentados  lo hacían por   las diferentes calles del pueblo, mientras  todos pasábamos en cada vuelta  por el frente de  la casa encantada  gritando tiempoooooo?  y esperando que la respuesta fuera que aun quedara algo del mismo,  porque  las condiciones económicas solo alcanzaban para alquilar por cuartos de hora y el más poderoso en billetes, máximo una hora. Luego si nos pasábamos del tiempo límite, el pago se debía hacer como lo hacen hoy los parqueaderos, hora o fracción y no nos alcanzaba para refrescarnos con el delicioso helado que hacían también allí y que vendían por $0,10 o $0,20 centavos, años  mas tarde subieron de precio hasta los $0,50 y   $1 peso del entonces.

En horas de la madrugada, y  por motivación del mismo Oscar quien siempre fue promotor del ciclismo en el pueblo, se hacían entrenamientos en bicicleta, siempre esperando poder participar en alguna competencia local, ya que el  deporte  del ciclismo en ese entonces  era  muy importante dentro del contexto local y nacional. Luego muy a las 4 de la mañana,  se llegaba a  la casa encantada, a  sacar la bicicleta, para entrenar, dando  múltiples vueltas en circuito, arrancando por el camellón, el ancianato, la alcaldía, el ocobo, la palma, el cementerio,, retornando  por la parte superior, pasando por el rubí,  la esquina del chisme en  parque principal, y cerrando el circuito  una y otra vez hasta las seis de la mañana.  A estas salidas diarias y permanentes durante el año,  se sumaban  veteranos y juveniles ciclistas, como Adolfo Romero, a quien según comentaban,  fue descartado para participar en competencias nacionales, por que cuando pedaleaba, abría las piernas y con las rodillas golpeaba a los demás ciclistas, dejándolos fuera de ruta, Adolfo Romero, junto con Oscar Rivera,  Moisés Garzón,  Luis Martínez. Hernando Mendoza (el Trompi),  Luis Ramírez, Tiberio Martínez,  Orlando Camargo, Pablo Castillo Quintero, Álvaro Espejo, Rolfe Arguello, Salvador Vallejo, Guillermo Vanegas (el Morraco), Darío Daza, Mario Patarroyo, Edgar Julio Gutiérrez, Jorge Oswaldo Vaca, Germán  y Rolfe Barrera, Gustavo Perilla, Rigoberto Medina, los hijos de Luis Ramírez, Nelson Colmenares, Nelson Monroy,  y  otros tantos más,  hacíamos parte del diario  y sano esparcimiento, todos  con  una meta, participar en  la competencia local y  con la  ilusión y sueño, de llegar a ser igual  o más  grandes que los ciclistas de la época, como lo fue  Cochise Rodríguez,  Rafael Antonio Niño, escobita Morales y Álvaro Pachón. Glorias del ciclismo nacional y referente del entonces en este deporte.


Fot . Cortesia Oscar Rivera Alfonso.

La casa encantada, luego se convirtió en restaurante y cafetería, en donde Rosarito,  preparaba  los mas deliciosos  postres y alimentos  que  también pudimos disfrutar,  en su restaurante- cafetería  y   era habitual ver a las diferentes familias pedir una deliciosa gelatina con crema y helado  o un suculento almuerzo, con sopa especial y  principio de ricas y frescas habichuelas, acompañado de torta de mazorca  y un fresco y abundante jugo de Champa o Chamba  en leche  y  otras frutas de temporada.

La casa encantada,    ha sido  la testigo muda de muchos eventos del pueblo, ya que ha visto desfilar  calladamente  a muchas generaciones,  fue  testigo de  encuentros  sigilosos entre godos y cachiporros,  fue testigo de  reservados planes  de los liberales en la  logística, planificación y asesoría militar en la toma de Páez,  fue el punto en donde el viejo Pedro, desenmascaró  uno de los mas  secretos planes de abastecimiento de armas para los chulavitas, fue uno de los principales puntos del comercio local,  fue punto de diversión y sano esparcimiento de  casi todos los niños de la generación del  60, 70 y 80,   y   también fue  protagonista de uno de los pocos accidentes de intento de suicidio ocurridos en el pueblo, cuando un paisano, se lanzo desde el techo, de esta casa a la calle, pero  que  en su alto y no bien programado vuelo, quedo enredado en los cables de alta tensión, salvando asi su vida, sin embargo quedando  el osado, con unas secuelas muy difíciles de superar.

Sobre esta construcción, allí en el camellón, denominada la casa encantada, han transcurrido y se han tejido muchas  historias llenas de encanto y nostalgia, por lo que debemos conservar su arquitectura, ya que sus paredes, aun llevan  silenciosamente  los secretos de la guerra, y las alegrías de varias generaciones de este nuestro bello Miraflores, que hoy muchos recordamos con gran nostalgia, no solo en el municipio, sino en toda Colombia y en el mundo entero en donde hay un mirafloreño.

Esta historia ha  sido escrita con el mayor cariño y respeto,  con el ánimo, apoyo  y  ayuda de muchos paisanos, quienes se pronunciaron a través del FB  cuando vieron  la fotografía de la casa encantada, y empezaron a recordar con cariño y nostalgia los tiempos vividos  y pasados allí en la cuentería, bicicletería,  heladería, restaurante, y cafetería, propiedad de Oscar Rivera y Rosarito Alfonso,  y familia.





Gracias  a: Dora Rivera, Isabela Antonia Morantes, Nidya Yaneth Barreto Pinzón, José Miguel Ramírez, Hugo Arias Pulido, Oscar rivera Alfonso, Julio Roberto Pinzón Moreno, Olga Leonor Torres Muñoz, Gustavo Perilla, Jenny carolina Roa Roa, Monita Roa Sánchez, Gonzalo Rojas, Alejo Ro-di, Paula Rivera, Nelson Monroy, Carlos Arturo Rojas, Rolfe Ortiz

viernes, 3 de octubre de 2014

UN JACHOSO.

Mirafloreño.

Hace unos años en el pueblo; había un personaje que presumía siempre de toda su valentía, sus historias , su forma de vida y la jactancia hacia las mujeres

Este personaje vivía por la  vía que conduce de Miraflores a  Zetaquira,   por los lados  de la  rusa, quebrada que marca el  límite entre las dos poblaciones

Juan  el menor de  4 hermanos; era de  caminar erguido, sacando pecho,    usaba casi siempre Jeans de marca, camisas a cuadros, siempre abiertas en la parte superior mostrando el pecho y un crucifijo gigante de cobre bien brillado dando la apariencia de ser de oro, el Cristo pendía de una gran cadena del mismo material  gruesa  y larga, que  servía fácilmente para amarrar los perros rabiosos, que siempre decía tener en su finca,   sus pantalones coloridos  de bota ancha muy ancha, bien fueran tipo vaquero o de terlenka  iban siempre sostenidos con un cinturón de cuero o de piola  muy ancho, con una chapa  cromada en colores plata y dorado que sobresalía  a la distancia, botas tipo texanas, puntiagudas de tacón corrido alto y sombrero   grande  blanco o negro marca Resistol.

Estudiaba  en el colegio Sergio Camargo, junto con dos hermanos más y  una  bella y bonita hermana, de facciones delicadas.  Todos los hermanos buenos amigos y  por supuesto compañeros del colegio y de parranda.

En la época   muchos de los jóvenes estudiantes, sin necesidad alguna aparente, salían con destino a las minas de Muzo, de Coscuéz  o de Somondoco, y cuya  única finalidad era conseguir abundante dinero, de manera  rápida  aunque no fuera fácil, debido a las  difíciles condiciones de esos lugares.

El sueño del dinero rápido, hizo que  varios de nuestros compañeros desertaran del colegio y salieran con  destino hacia las minas de esmeralda,  situación   de moda impuesta por unos cuantos que  se fueron   y  encontraron fortuna, misma que  dejaron en las cantinas, en donde doña Rosario y  en artículos suntuosos entre otros.

La llegada de los mineros era vista con asombro por casi todos debido a  sus exageradas  y particulares extravagancias no solo en su vestimenta  sino en su particular forma de comportarse, y  esa moda   fue admirada y seguida por   muchos.

En el mes de  marzo  después de unas vacaciones de semana santa, al Jachoso, se le dio la oportunidad de irse hasta Muzo, y  allí en la mina tuvo la fortuna de encontrar una gema  que aunque de poco valor, fue lo suficiente para  hacer notar su cambio en lo económico y demás.

Cuando llegó al pueblo  nuevamente,   unos cuantos escuchábamos  con asombro sus historias y cuentos, que relataban  básicamente  lo vivido en la  mina, como  se debían esconder las esmeraldas, si se llegaban a encontrar y como debían comportarse dentro de la mina, para que nadie se enterara de su  suerte.

Fue asi como en una de sus historias, nos contó el día que encontró la gema, de color verde brillante gota de aceite de la mejor calidad, que debió tragarse, para evitar que los demás se percataran de su suerte. La valiosa gema, debió   pasarla con un buen sorbo de guarapo, fermentado que tenían los mineros en su lugar de trabajo, mismo que no solo les calmaba la sed, sino que les mantenía siempre entonados, lo que les permitía trabajar duro y  sin descanso por mucho tiempo, algo asi como  si  hubieran consumido  una bebida energética.

El día en que la suerte le llegó, tenía en sus bolsillos   algunas morrallas (esmeraldas de poco e insignificante valor),  que  con mucho cuidado guardaba  para poder obtener lo de los gastos diarios, mas  sin embargo cuando llego el momento de la suerte, de manera inmediata guardo su gema en la boca y se la trago de un solo golpe, mientras de manera disimulada, salía con destino hacia el rancho   hecho en  tabla y paroy  o tela asfáltica. 

Como a eso de las 7 de la noche  sin bañarse y sin comer nada,  salió sigilosamente, a vender las morrallas  y obtuvo el dinero necesario para pagar en la tienda donde le fiaban la provisión diaria,  y llegar  hasta Chiquinquirá  para permanecer allí por   una semana como máximo, mientras  la gema de gran valor  salía del  tracto digestivo, y  asi poder venderla y con ello obtener  la tan anhelada riqueza.

El Jachoso llegó a Chiquinquirá,  y se hospedó en una posada por  una semana, misma que pagó por adelantado, y fue al restaurante más cercano y contrató la alimentación  por el mismo tiempo; tiempo necesario y suficiente para esperar la expulsión de la gema y  hacer la respectiva transacción.

Mientras   esperaba   allí en el pueblo,  compró una pistola y se fue a tomar unos tragos a donde las bandidas locales y tuvo que enfrentar a otros mineros y defender los derechos adquiridos   de una dama que los demás pretendían; para ello debió enfrentarse con 5 de los más temibles hombres, quienes armados de  revolver y pistola, tuvieron la osadía de desafiarlo en el amor.

La historia  fue contada a cinco amigos del  curso, que habíamos sido invitados  a tomar cerveza por parte de él, en la  cantina  ubicada en la esquina superior del antiguo matadero municipal, exactamente,  al frente del edificio de  los Aponte Roa,  y a la fama o carnicería de  Don Julio Galindo, cantina que tenía una Rockola antigua provista de las  más populares rancheras,  música de carrilera y algunos discos no más de seis o siete, de música romántica, la cual era colocada por algunos del pueblo mientras consumíamos unas cuantas cervezas y que por la intolerancia y diferentes gustos, de los asiduos  visitantes del lugar, en varias ocasiones  fue motivo de discusiones y peleas,  por que cuando se  metía  la moneda a la rockola, sonaba  música diferente a la solicitada.

Ese día, el jachoso, nuestro amigo,  tan pronto llegamos a la  cantina, le pidió  a la dueña del establecimiento una canasta de cerveza, misma que hizo poner bajo la mesa, y  él mismo la repartía entre los compañeros de  estudio y de tomata del día, mientras  nos contaba con lujo de detalles sus historias  en Muzo.

El día del encuentro  con los  peligrosos hombres que armados debió  enfrentar, en Chiquinquirá, probó su valentía, ya que  uno a uno fue cayendo producto de los certeros  tiros que salidos de su pistola hacían impacto fulminante en la cabeza y cuerpo de los osados que desafiaron la valentía  y hombría del paisano.

Ya  había trascurrido un  tiempo;  todos sentados, escuchando  al  amigo,  mientras  la cerveza seguía llegando por cajas, no permitiendo en ningún momento que los invitados  levantáramos la mano para hacer el pedido, pues  cuando el  paisano veía la acción,  a voz fuerte  le decía a la propietaria del negocio  que  trajera el pedido  y lo sumara a su cuenta.   A medida que pasaban las horas, la música seguía sonando en la rockola al gusto del personaje y todos  con la boca abierta y asombrados escuchábamos sin parpadear sus cuentos.

Fue asi como  al  tercer  petaco,  o caja de cerveza, ya   bien prendido, seguía  narrando y  repitiendo como uno  a uno de  los osados desafiantes caían al piso, mientras él pasaba por encima de los muertos repasándolos con  un tiro adicional para mostrarles que  un Mirafloreño  se debe respetar.

En cada tiro adicional que  impactaba, los muertos se  movían, y  el paisano les decía  cada vez que descargaba los balazos “Pa que aprenda mapariu a no meterse con los de Mirajloris”. Ya luego  por cada cerveza consumida, la cantidad de tiros fue aumentando hasta que  llego a veinte  tiros adicionales por cada muerto, y  los mismos cesaron, solo cuando le dieron ganas de ir a orinar, y mientras lo hacía, llego la policía,  y debió escaparse por una ventana y venirse para Miraflores.

Como a las once de la noche ya todos borrachitos   y el fulano dormido sobre la mesa, cuando fuimos a salir nos cobraron la cuenta, pero nuestros escasos recursos  no alcanzaban  ni siquiera para la mitad del valor de la cuenta, luego debimos dejar  empeñado  en la tienda algunos relojes que teníamos disponibles, mas el poco efectivo; y  asi poder salir  para las casas y llevar en hombros al  amigo hasta el hotel Yanuba y pedir hospedaje para el mismo, ya que su casa era cerca a la rusa en la vía hacia  Zetaquira y   no había condiciones para llevarlo hasta allá. 

Mientras caminábamos   hacia el hotel Yanuba,  se despertó, y se sentó frente a la casa de los Cristancho, mientras nos  manifestaba que   si no queríamos que nos pasara lo mismo que a los desafiantes de Chiquinquirá, debíamos seguir tomando,  pero todos ya bien borrachos y cansados, le manifestamos que no  tomaríamos mas, por que la cuenta la  debimos pagar   con el poco efectivo y completar el valor dejando los relojes  empeñados.

Tan pronto escuchó  lo de la cuenta y el empeño de los relojes, se quito  la cadena de cobre que siempre  llevaba, misma que cuando  estaba recién brillada, daba la apariencia de ser de oro y de la cual sentía mucho orgullo, porque según él,  su valor era muy alto ya que decía ser de oro macizo de 18 Quilates, y de un peso de 250 gramos.

La cadena fue entregada a uno de los acompañantes,  y este salió  rápidamente hacia la tienda a cambiarla por los relojes empeñados, pero la dueña  de la rockola, no la quiso recibir ya que el oro se había vuelto oscuro después de tantas horas de uso. Luego nuestros relojes debieron permanecer allí hasta que  pudimos conseguir para poderlos desempeñar.

Mientras eso ocurría, seguíamos  sobrellevándole la  beodez  y   preguntándonos que había pasado con la esmeralda que  había tenido que tragarse en muzo,  y el porqué  no tenía dinero para pagar la cuenta, hasta que  a  uno de nosotros se le ocurrió preguntarle.

En medio de la borrachera, el amigo Jachoso, respondió “No me joda  porque lo mato”; no ve que mientras orinaba allí donde las bandidas,  después de darle bala  a todos, cuando llego la policía al lugar, con la fuerza que hice para saltar por la ventana, me hice en los pantalones, y del afán por escaparme, no tuve tiempo de buscar la gema gota de aceite y esta se me perdió en el camino, y por eso fue que tuve que venirme nuevamente para el pueblo a que mis papas me perdonen y me manden nuevamente al colegio.

Todos  riéndonos  de lo ocurrido, lo dejamos durmiendo en el hotel Yanuba,  para que  siguiera teniendo sus sueños de valiente, pendenciero, mientras su cadena  de cobre volvió a colgarse de su cuello, esperando un nuevo día.

Este amigo, no volvió  a aparecer desde ese día, por Miraflores, y  se fue del pueblo con destino desconocido, llevando con él la amistad  nuestra, y la vergüenza de esta historia, que nuevamente recordamos  un día lunes  que nos encontramos en Bogotá  entrando a la casa de Boyacá, y que repasamos paso a paso, mientras maldecía, los estragos que hace el alcohol en el ser humano  y más en los jóvenes  de tan corta edad, y mucho más cuando se suman modelos de comportamientos sociales, salidos   de  personas que han debido vivir  por diferentes circunstancias de la vida en medios violentos;  modelos que  los niños van tomando de manera inconsciente mientras crecen y ven en los mismos lo mejor para su futuro y asi con ellos seguir viviendo su futuro.


Luego  la historia que contara el fulano, aunque fue cierto  lo de su viaje a Muzo, con uno de sus tíos que vivía en Chiquinquirá  cuando fueron hasta la mina a llevar unos materiales de construcción, lo demás, no fue más que la misma historia, que contaran  unos  adultos  en  una tienda en  Zetaquira un día sábado, y que aquel joven escuchara  con atención, y que por su admiración hacia los esmeralderos de la época, la hizo como propia, la vivió, la sintió y la expreso  en medio de  los tragos.

domingo, 3 de agosto de 2014

Un juego de golf.

En Miraflores.



El golf, es un deporte élite, que consiste en introducir, una bola  en un hoyo mediante distintos tipos de palos, empleando para ello el menor número de golpes posibles; asi de sencillo es este juego, el cual se realiza en una zona verde  perfectamente cuidada, en donde están ubicados los  hoyos.

Al ser un deporte practicado al aire libre, y por ser el mismo,  un juego, que depende del ritmo del jugador, hace que sea muy estimulante o muy reposado, ya que allí solo se juega contra sí mismo,  y se puede practicar en cualquier época del año y desde la más tierna infancia, hasta muy entrados los años.  Los campos en donde se practica este deporte, tienen como mínimo  9 hoyos y como máximo 18, todos numerados análogamente, pero diferentes entre sí, el espacio entre el tee, de salida y el green, se denomina calle, y esta puede tener diferentes tipos de obstáculos, que hacen  mas difícil la llegada de un lugar a otro ( arboles, lagos, trampas de arena, que se denominan Bunkers) y a los lados de la calle, hay una zona denominada Rough (raf), donde la hierba   no cuidada, dificulta los golpes del palo a la bola cuando esta cae por allí. Una  buena competencia, consiste en jugar 18 hoyos consecutivos, y en otras, se puede jugar a 36, 54,o 72 hoyos, repitiendo en varios días los 18 hoyos con los que cuenta el campo.

Para jugar al golf, se  requiere una serie de palos, compuestos cada uno por una varilla con mango o empuñadura (grip) y una cabeza con la que se golpea la bola, normalmente, la bolsa de palos, está compuesta por cuatro maderas y 10 hierros, los cuales se usan, para diferentes golpes que dan  la distancia bien sea tiros largos, cortos o medios.

Se dice que cada día que pasa,  uno  aprende siempre algo  mas o  por lo menos se entera de algo nuevo,  y cuál fue  mi sorpresa cuando el fin de año del 2013 y primeros días del 2014, cuando   fui a pasar unas vacaciones a mi tierra, me enteré de que allí   se había jugado golf, deporte elite del cual, cuando me enteré, debí buscar al protagonista de tan importante hecho. Después de indagar, e insistir, encontré a la persona que  conocía la historia, de primera mano, y que podía dar razón de donde encontrar a nuestro “Tiger Woods” criollo, nada más y nada menos que el doctor en Ciencias Políticas y Jurisconsulto, Jorge Oswaldo Vaca Huertas, quien fue el guía, y  quien con sus dotes de investigador a lo  Sherlock Holmes,  encontró rápidamente a la estrella, a pesar de que todas las estrellas de este deporte, son bien difíciles de encontrar, y más de entrevistar..

Nuestro “Tiger Woods”, pasó caminando, por el frente del antiguo teatro Esquivel, y fue interceptado por  el Dr. Vaca, quien le solicito nos contara su historia. Pablo, un  hombre tímido, sencillo, humilde y de corazón inocente aun, inició diciendo,  mi padre fue el sepulturero por muchos años, en Miraflores, yo nací y me crié en el cementerio del  pueblo,  y mi padre fue quien me crió, porque mi madre según me contaron falleció al poco de tiempo de que yo naciera,  como  mi padre era tan pobre y no tenia   casa, ni como comprarme juguetes, desde muy niño encontré los míos, eran únicos, originales y muy particulares, “eran los huesos de los muertos” huesos que mi  padre obtenía, de todos los muerticos, que  se debían sacar, de la tumbas para darle paso a otros más recientes que llegaban.

Tuve como cuna una tumba, a la que mi  padre me llevaba el tetero y allí debí crecer hasta que empecé a caminar, cuando ya requería de  juguetes, para divertirme, encontré  mi primera calavera, y con ella como mi mejor  muñeco, jugué, me divertí, y aprendí a quererla, como ahora los niños adoran sus peluches o a su mejor muñeco;  esta fuerte, amarilla y sonriente calavera, fue mi primer balón, mi  primer muñeco y mi primera pelota para jugar futbol, golf  y  a veces beisbol, ya cansado de darle golpes con mis manos y con los pies, opte por conseguir huesos, algunos cortos,  y  otros más largos y otros extra largos como el fémur, y con los mismos le daba golpes  a la calavera, dependiendo a donde estuviera  o a donde quería que llegara; y la hacía rodar de un lugar a otro, para “embocholarla”  (introducirla) en los huecos de las tumbas mas bajitas que estaban sin ocupar; mientras le daba golpes con  el hueso, me gustaba  mucho porque a pesar de tanto golpe que en todo  momento recibía, esta calavera no dejaba de reír.


En mi infancia rompí muchas calaveras y muchos huesos, porque allí en el cementerio debí pasar todo el tiempo, porque no tuve la manera, ni la oportunidad de ir a la escuela a donde todos los niños iban a aprender,  a estudiar y a jugar, luego mi  hogar fue el cementerio, mi  cuna  y mi cama las tumbas, mi profesor  mi papa, y mis juguetes los huesos de los muertos, y después mi trabajo, igual al de mi padre, estar allí junto a los muertos.  Ya un poco más grande deje de jugar con los huesos,  no porque no me siguiera gustando,  sino que  ya tuve que trabajar y no tenía el tiempo para hacerlo, además como todo lo que pasa con lo moderno,  la calidad no es igual a la de antes, por que   los huesos de los muertos de ahora ya no sirven para nada se rompen fácilmente, no era como los huesos de   los muertos de antes, que esos si eran fuertes, muy duros, y duraban más tiempo, aguantando los golpes que les daba a diario, sin que se rompieran fácil y sin que las calaveras perdieran la sonrisa.

Recuerdo que mi padre tenía una bolsa hecha de tela, que  después fue  reemplazada por una  de plástico, en la que guardaba los dientes de oro que encontraba allí en las tumbas, una vez que eran sacadas las osamentas de las fosas.

Los dientes de oro que mi padre tenía guardados, eran muchos, debieron ser como mas de 4 libras,  y nunca supe que se hicieron, pero es muy probable que los haya tomado el sacerdote,  o un abogado de esa época, porque  antes de que mi papá muriera, en una confesión, le comentó al sacerdote de su ahorro, en oro puro,  y a un abogado del entonces, lo contrató para que le ayudara con una herencia una pequeña estancia, que nos dejara  por el lado de Matarredonda, una de mis tías  que  se había ido para los llanos hacía varios  años a pelear junto con Guadalupe Salcedo; después de esto, jamás supe  que paso con los dientes de oro   de todos los muerticos que mi papa guardaba con mucho cuidado, tal vez para dejarme como herencia, para que algún día los nietos, pudieran ir a estudiar hasta que fueran doctores, pero ocurrió lo que jamás  se espera, no sé, si el sacerdote o el abogado del entonces, se debieron llevar las varias libras de dientes de oro cuando se enteraron, bien del pecado de mi padre, o como parte de pago por la defensa de la herencia que nos dejara mi tía.

Debo decir, que esta historia  como muchas otras de Miraflores, no dejó de causarme sorpresa,  y curiosidad, por lo que me tome el tiempo de ir averiguando mas sobre el tema; en efecto encontré a otra persona que me confirmo lo del sepulturero y su hijo, asi como  lo de los dientes de  oro, que celosamente guardaba en una bolsa el sepulturero;  yo llegue a pensar que tal vez el sepulturero obtenía los dientes de oro  usando una pinza o algún alicate  para extraerlos de las calaveras  de los muertos que ya habían cumplido  su ciclo  en un lugar y que luego debían se trasladados a otra  tumba,  pero cuál fue la sorpresa de la versión que  me contara esta  persona, cuando  me conto, que  una vez, estaba jugando con otros niños y  niñas,  allí en el cementerio local,  y se escondieron tras una tumba para ver  con mucho sigilo lo que hacia el sepulturero y vieron como  sacó un muerto  reciente,  y antes de sellar la tumba,    abrió el ataúd, le abrió la boca y   con un ladrillo le dio golpes en la boca hasta que le quitó  los dientes, que luego guardo en una bolsa, en donde habían  muchos más.

También me contó como en varias oportunidades pudieron ver al niño, como jugaba alegre e ingenuamente con las calaveras y los huesos de los muertos que  salían de las osamentas, que  trasladaba el sepulturero  su padre, de un lugar a otro para darle paso a los más recientes;  ella y otros niños más del entonces,  pudieron ver, como aquel niño del cementerio, le daba golpes a las calaveras que hacían de pelota de golf o de beisbol,  con otros  huesos; golpes tan fuertes como los del mejor golfista o beisbolista, que hacían que muchas veces, las calaveras hechas pelotas, se perdieran entre la maleza,  de donde  salían  nuevamente  a punta de golpes, como se hace en las mejores canchas de golf, o  se rescataban, o reemplazaban por otras  calaveras cuando se perdían, o  si era imposible sacarlas de su escondite, pues el reemplazo no era para nada difícil ya que allí  en la ciudad de los muertos,  había un almacén con inagotables calaveras que servían de pelotas, las cuales este  humilde hombre  uso, disfrutó y aprendió a querer, mientras fue niño como sus mejores juguetes. A medida que nos cuenta la historia, nuestro “Tiger Woods”, con melancolía, con los ojos llorosos, y con  un nudo en la garganta, recuerda a su  padre, recuerda su pobreza, su cuna, su cama y sus juguetes, añorando tener algún día, bien la finca que les dejo su tía  como herencia, o poder recuperar las varias  libras de oro transformado en dientes, que su padre obtuvo de los muertos  y guardo celosamente por años, pero que  se perdieron en manos del sacerdote o del profesional que asumió la defensa de su tierra, y  que al día de hoy aun sigue esperando, mientras sus hijos deben vivir en medio de la misma pobreza que tuviera su padre y él en los años pasados, misma que hoy se hace presente  en la otra generación.

lunes, 25 de noviembre de 2013

HEROES DESCONOCIDOS.


En la toma de Páez.

 
 
Cuando se libró la guerra entre hermanos liberales y conservadores de los años SIN CUENTA en la región del Lengupá;  hubo  múltiples episodios que dejaron huellas imborrables en  toda  la población, los cientos  de  asesinatos , los desplazamientos forzados ,  la orfandad, el hambre y  la desolación, fueron los protagonistas del entonces,  cuando se enfrentó el  ejército, que acompañado de los chulavitas,  y la complicidad de  la iglesia católica del entonces, contra los liberales, cachiporros o bandoleros de la época;

En cada enfrentamiento, que ocurría a diario, desde el municipio de Rondón, hasta el municipio de Campo Hermoso,  pasando por los demás municipios con sus veredas y traspasando los límites geográficos  de la región del Lengupá, hasta llegar a tierras casanareñas  a municipios como Monterrey y Tauramena, habían múltiples anécdotas y episodios que muy pocos pudieron contar años después  a sus nietos y biznietos,  con  precisión y detalle.

Don Cerveleón Caballero, un hombre que para  el año  1977 tenia aproximadamente unos  55 años, vivió en  un pequeño lote de terreno de una finca  en Páez,  en la vereda  california, terreno que el propietario de la finca dio en calidad de préstamo, permitiéndole construir un pequeño rancho de madera y hojas de palma, y  donde  se pudo establecer   después de la firma  de la paz y entrega de armas, que ocurriera  en Monterrey Boyacá hoy Casanare, entre Guadalupe Salcedo  Unda, en representación de los combatientes liberales del llano y  el gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla.

Cerveleón, tenía como destino final Miraflores su pueblo natal,   y del cual se había  tenido que despedir  en el año 49 a sus 27 años, porque su familia fue masacrada en la quebrada la Susía por un grupo de chulavitas que  perseguían y asesinaban  a quienes  fueran liberales. Pero solo llego hasta Páez a la vereda de California, en donde encontró trabajo, alimentos, ayuda  y un lugar para vivir y allí se quedo hasta el día de su muerte ocurrida  un mes de abril del  año 1998, por  la picadura de una serpiente.

Cerveleón conto a sus biznietos  varios episodios trágicos de lo que es la verdadera guerra, y la postguerra,  contaba cómo  ejercito y liberales, después de la  firma de la paz, debían  comer plátanos verdes  muy verdes, sin cocinar,   ya que todos los cultivos  y el ganado, habían sido arrasados y  destruidos por la tropa,  contaba  sobre sus largas jornadas caminando,  con sus armas, aguantando hambre y sed mientras  llegaban los abastecimientos del comando general,  contó cómo fueron muchas emboscadas,  en donde  unos pocos y con armas muy rudimentarias  escopetas de fisto, asestaron  golpes al  ejercito y se “apertrecharon” de mejores armas  o fusiles que en ese entonces era la dotación oficial del ejército.

Uno de los episodios que mas llamo la atención, fue el corto relato que Cerveleón contara sobre la toma de Páez, cuando  en  el municipio se había instalado un fortín Chulavita, que  era comandado por tres conservadores   dos de Campo Hermoso y  uno de Rondón, que  tenían bajo su mando  34  hombres de la vereda de chulavita y  quienes estaban al mando de un  capitán del ejército de apellido Mendoza, oriundo del municipio de Sevilla Valle. El capitán Mendoza, había llegado a Páez, con 47 soldados, caminando  desde Miraflores, por la vereda del Morro y pasando luego por la Buenavista, sobre las riveras del rio Lengupá, avanzó con sus hombres durante días hasta llegar al Mincho y de allí hasta Páez, en una travesía que duró 45 días.

El conocimiento de  su recorrido, así  como el número de hombres al mando del capitán y   de los hombres que estaban acantonados en Páez, fue producto de la inteligencia militar de los liberales, los cuales recibían información del viejo Pedro de Miraflores, de Encarnación Morales y  otros liberales, los cuales en coordinación con los hombres de los Bautista, designaron a Cerveleón para que  realizara una estrategia de seguimiento, ya que Cerveleón, conocía perfectamente los diferentes caminos y veredas, entre Miraflores y Campo Hermoso, así como a las personas de más confianza dentro del grupo de amigos  liberales, mismas  que   pasaban desapercibidas por el ejército, la policía  y los chulavitas; todos, eran hombres de bajo perfil, campesinos, que  apoyaban muy en silencio la causa. Fué asi como unos pocos  días antes de iniciar el recorrido para hacer la inteligencia  y dar seguimiento a la tropa, Cerveleón,  reunió a  los tres hombres de más confianza  para comentar su estrategia  para seguir al enemigo.

A las  8 de  la noche se reunieron por el lado del barrio el Rayo, en Miraflores, Cerveleón Caballero, Melitón Ramírez, Adonaí Sánchez y Januario Leguizamón,   en una casa que estaba  ubicada sobre  el camino de piedra que conduce hacia el rio Lengupá  unos 150 metros de lo que hoy se denomina el  chorro del aguardiente, en ese entonces, una quebrada de  aguas muy cristalinas, caudal, permanente, y mantenido en el verano, denominada la cristalina.

Allí en la cristalina, bajo la luz de la  luna, se  dieron las instrucciones, las cuales  consistían básicamente en repartir el camino  a recorrer en 4 partes,  y a cada uno se le asigno un trecho con el fin de  no despertar sospecha por parte de los conservadores, el ejercito   la policía y los chulavitas.

 A los 45 días  la inteligencia liberal llego  al igual que la tropa a Páez, y de allí se dirigieron con destino a la cuchilla de el cantor, en donde estaba la base militar liberal  y desde donde se tomaban las decisiones más importantes del combate  entre lo que es hoy Casanare y  Boyacá. Allí en el Cantor, se recibían ordenes directas de Guadalupe Salcedo a través de los Hermanos Bautista y  de los Fonseca quienes en su conjunto coordinaban  el accionar frente a los conservadores y demás.

En una noche de luna llena a la una y media de la mañana, llego a la base del cantor  Guadalupe Salcedo en compañía de los hermanos Bautista, de Dumar Aljure y otros comandantes de la región,  sorprendiendo a muchos de los que allí  se encontraban; pues esta operación era un de las mas secretas que se manejaran en ese entonces, ya que esa misma noche se planificaría “LA TOMA DE PAEZ”.

A los que integraban la inteligencia militar que eran solo 6 en ese frente, se les llamo y en compañía de Guadalupe Salcedo, los hermanos Bautista, y los Fonseca,  en un cambuche improvisado   bajo los árboles y cubierto con  hojas de palma, mientras los cocineros servían tinto caliente  y aguadepanela, se dio inicio a la planificación de este  golpe que de salir bien  haría estremecer los llanos.

Páez, al ser cuna de liberales   era un  punto muy deseado por los conservadores y los chulavitas y  fue por eso, que meses atrás habían masacrado a muchos inocentes  incluidas mujeres y niños y los chulavitas se habían apropiado del pueblo haciendo de él,  un fortín  que  bajo la protección del estado y el contubernio de los sacerdotes de la época,  era permitido toda clase de vejámenes contra liberales y no liberales.

El día del golpe, correspondía a un domingo  a las  6 de la mañana y el golpe tenía que   estar dado antes de las 12 del medio día, para ello, enviaron a unos emisarios  desde el día Jueves, a que  se estuvieran  allí en el pueblo, para que el día sábado en la noche, trataran de brindar  licor y guarapo a varios de los conservadores, a la policía, al comandante del ejército y  a  los chulavitas, para ello se valieron de la ayuda de varias tenderas de las guaraperías que habían quedado viudas, o habían sido abusadas sexualmente,  y que precisamente por esto no podían estar en paz con los militares del entonces ya que  su sed de venganza, estaba siempre presente en sus vidas.

Ese sábado en la tarde, se instaron varios de los indicados en las diferentes guaraperias, y sin tomar mucho, brindaron trago y guarapo a cuanto personaje llegaba especialmente a los enemigos políticos, es asi como a las 8 de la noche,   debieron llevar en hombros hasta el cuartel, al comandante de la policía, al comandante del ejército, y  10 de los mas importante hombres de los chulavitas,  mas una veintena entre conservadores, soldados, chulavitas y otros  de mas bajo perfil; pues la celebración fue en grande y  se había logrado ya un primer objetivo.

El Domingo muy a las 4 de la mañana el  pueblo estaba rodeado por  más de 120 hombres  que llegaron de las cuchillas de la Gurupera, La Viola, el Cantor y el Palmichal,  mientras  que  varios frentes, se aproximaban por  varios de los puntos principales y estratégicos del municipio de Páez, es decir, por los diferentes puntos cardinales precisamente por los límites geográficos que  separan al municipio con sus vecinos asi; el primer frente entro por el norte, por los limites con Berbéo, San Eduardo  y Aquitania,  otro por el oriente,  límites  con Chámeza, Tauramena y Monterrey, otro por el sur, límites con Sabana Larga y San Luis de Gaceno, otro por el Occidente, límites con Campo Hermoso y Miraflores.

La estrategia consistía en que    una vez el sacerdote  llamara a misa de cinco de la mañana, todos los que rodeaban al pueblo, debían estar preparados para el asalto al cuartel de los chulavitas. Para ello enviaron a un  liberal, vestido con uniforme de soldado oficial, llamado Severino Buitrago, que  acompañado de 7 hombres más, todos debidamente uniformados como el ejército  y 5 mulas de carga,  a que llegaran hasta  la puerta del comando, mientras  otros se apostaban cerca de la iglesia, con el fin de  encerrar allí a los conservadores, que a esa hora hacían sus plegarias y pedían al SEÑOR fuerza para derrotar a los liberales, mientras los demás cercaban el pueblo en anillos  por los diferentes flancos.

Los caminantes que avanzaron desde días antes desde las fronteras, ese día  llegaron todos  a su puesto de control cercando el pueblo  a una distancia  de no más de dos kilómetros, a fin de evitar  fugas o que llegaran refuerzos oficiales al municipio.  Es asi como se instalan por la  Horca, la salida para Sirasí, la salida del Mincho, y  por otros lugares dispersos, cercanos formando un gran  anillo que cerraba el paso  totalmente.  Al frente de cada escuadrón  pusieron al mando a  los mejores del momento,   como  Hermognes Cuervo, Desposorio Vargas,  Nonato Guzmán, Primogénito Fonseca y  Hermenegildo Plazas, entre otros, mientras que Cerveleón, Melitón Ramírez, Adonaí Sánchez y Januario Leguizamón, junto con Bethsabé Zubieta. Se movían por el pueblo dando señales y alarmando sobre movimientos tácticos del enemigo.

Severino Buitrago, los 7 hombres de escolta,  junto a sus mulas de carga, a las seis y media de la mañana estaban golpeando los portones grandes de madera color verde, que protegían el fortín chulavita, mientras los otros apostados cerca a la iglesia y a los alrededores del parque, esperaban el momento.

De adentro del fortín militar, gritaron  con voz ronca, quien es? Severino, grito  somos  los refuerzos que mandaron del gobierno y venimos a traer  peltrechos  para reforzar a los hombres que están  combatiendo a los cachiporros.  Que pasen  rápido, nuevamente respondieron de adentro, en ese momento  abrieron los portones que daban paso al interior del fortín y cuando el centinela abrió , de inmediato le cayeron encima y lo silenciaron, sin darle un segundo para que avisara, de manera inmediata los hombres de Guadalupe, entraron y uno a uno fueron despidiendo para el otro mundo a los policías, soldados y chulavitas que estaba acantonados  dentro, y pusieron presos a los comandantes  quienes no fueron capaces de levantarse y de responder el feroz ataque debido a la borrachera y guayabo que tenían después de esa noche de sábado cuando libaron licor y guarapo ofrecido por la gente de Guadalupe, por montón, en todas las guaraperías de Páez.

Mientras el asalto al cuartel, ocurría, en la iglesia el sacerdote del momento no se daba por enterado y su sermón avivaba el fuego en contra de los liberales, fué ahí, cuando entró otro  comando a la iglesia y   sacaron a muchos   conservadores y chulavitas que estaban  en la misa, algunos lograron escapar y refugiarse en lo alto de la iglesia  pero fueron encontrados y sacados de allí. Uno de los tantos chulavitas, que sacaron  de la iglesia arrodillado le manifestaba a Januario Leguizamón que  él era liberal y que  no tenía nada que ver, sin embargo  una de las fieles le grito “Godo HP ahora si siente miedo, como no sintió miedo cuando mato a mi marido y   mi cuñado en el Mincho”, y fue lo suficiente para que Januario lo sentenciara, no sin antes llevarlo ante  Cerveleón para que se tomara  la decisión final, mientras caminaba pedía perdón a gritos ,  y al ver que no había respuesta decidió   gritar  “cachiporros Hps  esto no se queda asi ya verán cómo vamos a derrotarlos”,  y mientras gritaba “soy conservador   y yo si soy  hijo verdadero de Dios”, recibió un  golpe con un garrote en la cabeza,  por parte una señora que    era la madre de una hija de 14 años, a la cual este  chulavita, la había violado y luego la había matado porque  no accedió a irse con él para su pueblo natal Boavita.

Este golpe al cuartel chulavita en Páez,  fue  uno de los más duros golpes que dieran los liberales a sus enemigos y fue tal que la voz de la acción, recorrió rápidamente por campos y veredas hasta los  municipios de Tauramena y Monterrey, de manera que se celebro por días y como  se pretendía desde el momento de la planificación, este golpe, hizo estremecer los llanos.

Años después de que esta historia,  fuera contada por Cerveleón, el compositor Mirafloreño  Ciro Hernández, compuso  la canción que le obsequiara a Arnulfo Briceño, cuando estudiaba en  la Universidad Libre en Bogotá, para que  Arnulfo  le hiciera los respectivos arreglos y  le pusiera la música, canción que fue  denominada la Toma de Páez y que fue un éxito musical en  todo Colombia.

domingo, 3 de noviembre de 2013

EL ÚLTIMO SUSPIRO.


Carmen Julia.

 
 
A los 18 años, Carmen Julia,  ya era madre de 2 hijos, cuando su esposo   la dejo para siempre,  desde un fatídico domingo cuando  al estar presenciando   una pelea en  una cantina cerca al ocobo recibió dos impactos de bala que le causaron la muerte instantáneamente. Benedicto, mientras caía al suelo lentamente,  apretaba contra su cuerpo una imagen del Sagrado Corazón de Jesús y le pedía a la virgen protección para su esposa y sus  hijos, mientras su vida se perdía entre los gritos  de la muchedumbre, y la mirada atónita de  unos cuantos espectadores.

Carmen Julia  a los pocos meses luego  de la muerte de su esposo, salió de la  vereda de  Chapasia, hacia la ciudad de Bogotá,   por consejos de una amiga, quien le manifestó que allí podía salir de pobre; sin pensarlo mucho, vendió las doce gallinas que tenia, los dos marranos,  una vaca recién parida,  y con los pocos pesos, tomo sus pertenencias, las dispuso en un costal de fique  y junto a sus dos hijos salió con rumbo a la gran ciudad,  en busca de un nuevo futuro para ella y sus dos hijos.

El bus de la empresa Márquez y Lengupá, la llevo hasta la capital,   y  la dejo en el barrio 7 de agosto, donde empezó a buscar un lugar donde hospedarse, encontrando después de muchas horas de búsqueda, una habitación, económica en una residencia  de esas que abundan en  las ciudades, a donde  se alquilan habitaciones  por horas   o por días, para calmar las necesidades hormonales  y deseos sexuales, de hombres, que acompañados de perfumadas mujeres, entran y salen las 24 horas del día.

Carmen Julia, todos los días se levanto a las 4 de  la mañana a hacer  el tinto, a preparar  el desayuno y a colaborar con todos los trabajos de la finca, por lo que su reloj biológico al llegar a la capital seguía funcionado de la misma manera, sin embargo, a  partir de su llegada, no había motivo, por lo menos por ahora para levantarse tan temprano,    y menos  cuando los  gemidos eróticos  y los múltiples ruidos provenientes de   las camas y puertas  de las habitaciones contiguas, no le habían permitido conciliar el sueño.

Sus pocos ahorros día a día,  y a paso muy acelerando, se fueron agotando, en los gastos diarios de alquiler de habitación, y alimentos para ella y sus dos hijos, mientras iba buscando un trabajo digno que le permitiera sobre vivir en la gran urbe.

A los dos semanas  de su llegada a Bogotá, se pudo emplear  como cantinera, en un bar, devengando  solo unos pocos pesos, que   no alcanzaban  sino para el pago de la renta  y muy poco para la alimentación y demás gastos de la familia, por lo que tuvo que ayudarse en el día, lavando  y planchando ropa,   limpiando pisos, y en cuanto oficio saliera, mientras llegaba la noche para irse a atender allí en el bar del 7 de agosto   denominado  “ el último suspiro”  un  bar de vieja data  que estaba contiguo a la puerta del cementerio del 7 de agosto.

El “último suspiro”  era frecuentado por trabajadores de la plaza de mercado, del cementerio, de los talleres de mecánica y por un sin número de habitantes de la zona, que noche a noche  se ponían cita allí para libar licor acompañados de algunas trabajadoras sexuales de la zona.  Carmen Julia, una mujer que aún conservaba  los rasgos  juveniles, era muy pretendida por todos los visitantes, del bar y protegida  por la propietaria  del lugar, FELISA, una mujer soltera   que  había nacido allí en el 7 de agosto y había heredado de su madre  “EL ULTIMO SUSPIRO”;  Felisa a sus 45 años, había perdido a su única hija  cuando  la  menor celebraba los quince años, por lo que había quedado sola en su vida, y a pesar de su trabajo, de sus sufrimientos y su calidad de vida, aun conservaba una figura que sobresalía  fácilmente en la penumbra del Último Suspiro , su  estatura de 1,80 metros, sus largas piernas, sus lactas  y caderas protuberantes, sus ojos claros color miel, sus cejas depiladas, su labios siempre pintados de color rojo cereza y su  permanente olor a  tabú no pasaban desapercibidos por ningún visitante.

Felisa, desde el primer momento en que  le dio trabajo a Carmen Julia,  la defendió de cuanto hombre pretendía acercársele   de manera inadecuada, y más si llegaban a decirle algo  o a intentar tocarla, por lo que con frecuencia debió librar múltiples batallas en defensa de  su protegida.

A los pocos días, Felisa le propuso a Carmen Julia que se fuera a vivir con ella   y sus hijos, en un apartamento que estaba ubicado  al fondo del negocio, y que si le ayudaba con otros quehaceres, ganaría más dinero del que estaba ganando hasta ahora como cantinera del Último suspiro. Propuesta que fue fácilmente aceptada por parte de Julia y al día siguiente ya estaba instalada  allí en su nuevo hogar junto a FELISA y sus dos hijos.

El tiempo paso, y a los pocos meses, Felisa, en uno de sus acalorados momentos por defender a  su protegida fue agredida de muerte por una  trabajadora sexual que pretendía tener un acercamiento intimo con Carmen Julia, llego la policía, pero  Felisa ya  estaba herida de muerte, en sus ultimas palabras, Felisa le le  dijo a Carmen Julia, este negocio es suyo cuídelo y cuide  a sus hijos y no permita que le pierdan el respeto mientras  exhalaba el último suspiro que tenía en esta vida.

Carmen Julia, se hizo cargo  de los funerales, de Felisa,  y del negocio, tal como fue el último deseo de la  propietaria del último suspiro,  meses más tarde,  Carmen Julia, no solo fue la propietaria de este negocio, sino que su visión de empresaria,   le permito abrir  tres negocios más  a los que le sumo un equipo de trabajadoras  que prestaban sus servicios  por dinero allí en cada negocio, llegando a ser una de las  mujeres más ricas y respetadas del  7 de agosto.

Año tras año visitaba Miraflores,   y entregaba  ayudas a las monjas que estaban a cargo del ancianato, asilo San José, pero  cuando el cura del momento se entero del oficio que Carmen Julia  tenía en Bogotá, prohibió a las monjas del ancianato seguir recibiendo ayuda de tan singular personaje.

Dentro de su  responsabilidad social, Carmen ayudo a muchas personas que  al igual que ella llegaron a la capital en  busca de un mejor futuro, pero que por lo duro de las grandes urbes, no es tan fácil salir adelante,   pero que con la ayuda de Carmen,  lo lograban.

Carmen Julia, permaneció  por  varios años solterona hasta que  conoció a un  político que llevo a  uno de sus negocios a un paisano que  hacía poco se había enguacado en las minas de Muzo y que llego allí por invitación del político, enamorándose de Carmen y haciéndose cargo de sus hijos también, pues  como  lo decía Carmen Julia siempre “quien se hace cargo de la vaca también debe llevar su cría”. Carmen Julia falleció a los 65 años de edad, y sus dos hijos quienes estudiaron en la Universidad Javeriana, se hicieron médicos   y  luego se fueron del país uno para Europa y el otro para Australia,  y jamás regresaron a Colombia, ya que la sociedad del entonces tanto en Bogotá como en Miraflores, siempre los tuvieron marginados por ser hijos de la dueña del “último suspiro”. El último suspiro y los demás negocios fueron heredados  por sus hijos  y donados por los mismos a  las trabajadoras más antiguas  de cada lugar, con el único compromiso de que siguieran el legado que su madre les había enseñado.  Mientras su marido el minero, regreso a Miraflores, a  vivir junto a una nueva dama con la que procreo  tres hijas mujeres y dos hombres, quienes por descuido de sus padres, empezaron su carrera delictiva a los pocos años de edad.

Años después,   se supo que  una de estas nuevas dueñas, se había lanzado como concejal de Bogotá, en representación de todas las mujeres que por  un destino trágico deben  ingresar al  mundo de la prostitución.