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miércoles, 17 de septiembre de 2014

Mieles de mi tierra.

Mieles  de mi  tierra.
Un cuento escrito por Julio Roberto Pinzón Moreno.


Fot: Ligia Ballesteros, Miriam Vargas.


Entre oscuro y claro llegaron a “La Bavaria” cuatro cargas de miel a lomo de buey, venían de la vega, de las enramadas de don Aurelio Peña. Doña Rosa mandó  darle guarapo a los arrieros;  le sirvieron a cada uno su totumada del más fuerte y les repitieron la bebida, mientras varios de los clientes y arrimados de la tienda  bajaron las cargas, de a dos zurrones cada una; pesaron cada zurrón y le dieron el dato a doña  Rosa, la patrona quien metiendo al seno sacó la abultada bolsa de tela que colgaba al cuello sujetada por cordón e hizo el pago con morrocotas de cincuenta centavos y algunos nicles de menor valor. Esta mujer era  para unos “Doña Rosa”, la patrona,  para peones y  arrimados, Rosita para los del pueblo y suegra para los más atrevidos.
Echar la miel en la  pipa grande , escurrir en ella los zurrones, lavarlos,  y echar la “juagadura” para  rendir la miel  del guarapo del  día siguiente  era tarea y responsabilidad absoluta de un tal Aurelio Moreno. Nadie se explica porqué esa tarde el  “Juan Cortico”, se encargó   de esa labor sin nadie mandarlo y esto  lo mantuvo ocupado hasta bien entrada la noche descuidando la costumbre de ayudar y cuidar a la cajera en las horas de mayor congestión.
 “Para esa época “La Bavaria”, famosa tienda de guarapo en  el camino a Garagoa estaba en su mayor apogeo; guarapo para todos los gustos, piquete para los doctores y señores del pueblo, posada para los viajeros y  “borrachitos” que se dejaban coger la noche; allí se tomaba el mejor guarapo de la larga jornada entre Miraflores y Garagoa; el más fermentado hervía desde el día anterior en ollas de barro y barriles de madera, mientras “el dulce” y “el señoritero” se revolvía en  vasijas que no fueran fermentadoras  y con muy  poca “supia”  para que no se pasara de tomar. De la Bavaria nunca se oyó decir que le revolvieran el guarapo con  calzones de mujer  para amarrar a los clientes; sí corría la bola que la patrona  compraba unas pastas que le echaba a la miel y que con solo media fermentaba una carga. De ahí el tan emborrachador y preferido  guarapo de este negocio. Esa tienda era la primera en el viaje  Miraflores – Garagoa,  más   quedaban  otras ventas como ¨Punticos”, y “Sucuncuca”;  ya en tierras de Garagoa quedaba “La Balvanera” , “El Juncual” y los “Balcones” ; sin embargo  nada mejor que el guarapo de Miraflores y mucho mejor siendo de la Bavaria. Mucho más gustador si lo  servía Clemita, la hermosa niña hija de la patrona. Ninguna tan güena moza como ella a decir de quienes la conocieron en edad casamentera.
La  tienda siempre estaba llena de bebedores de guarapo, entre los que se contaban los borrachos de siempre, peones, arrieros de animales de carga y de ganado, viajeros, negociantes y ayudantes ocasionales y “arrimaos”. El comercio con Garagoa y Guateque se movía mucho.
Ese miércoles de finales de enero hubo más trajín que de costumbre porque el viernes serían vísperas de  fiestas  en Garagoa; El camino parecía una procesión de Viernes Santo;  esa tarde le cupo a la pipa toda la miel encargada desde la madrugada del sábado anterior; Los sábados tenía lugar el tradicional mercado de la miel en Miraflores. La  pipa tenía más de dos metros de alta y de ancha no la alcanzaban a abrazar  cuatro hombres cogidos por  las manos; era necesario colocar una escalera para echar o sacar miel; la tapa también, como el inmenso barril estaba hecha de astillas de madera y suncho,  era liviana, apenas se corría un poco para poder usar la vasija y la podía manipular una sola persona.
En el dormitorio de Clemita, estaba el  depósito de miel. En el centro sobresalía la  espaciosa pipa rodeada de otras  vasijas pequeñas aptas para contener  el dulce y espeso líquido; entre estas había  calabazos, ollas de barro, pozuelos en madera y  zurrones de cuero. Al fondo, pegada a la pared estaba la cama de la muchacha.
 Clemita, la buena moza, era por entonces la atracción especial de aquel lugar y de ella se hablaba en todas partes menos en la tienda donde ella  muy juiciosa, se ocupaba en  labores de la casa y como “cajera”; también correspondía con su hermosa sonrisa a  las bromas maliciosas de los señores del pueblo y se ponía muy seria cuando algún borracho del común quería propasarse. Una vez le puso una totumada de guarapo en la cara al Alcalde Eliecer Ramírez  porque intentó tocarle la mejilla. Su cabellera recogida en dos trenzas que le llegaban a la cintura, hacía juego armonioso con su camisa blanca  bordada con flores rosadas y su larga falda negra, con ruedo bordado en vivos colores. Pocas veces se ponía el sobrero  que no podía faltar a las mujeres campesinas y que la hacía ver muy coqueta con esos ojazos negros brillando como candela  que contrastaban bajo el blanco  de “jipa”; no  faltaban en sus pies sus alpargatas blancas con flores bordadas, muy limpias y amarradas con cordones rojos.   Su caminar en la tienda con hermoso   movimiento de caderas y jugueteo de las trenzas sobre sus hombros y espaldas despertaba la codicia de los hombres y la envidia de las mujeres;  Al mirar a Clemita caminando por ahí los bebedores  como  sin darse cuenta apartaban la totuma de la boca y permanecían ensimismados con los labios separados como para apurarse un buen  trago. La hermosa niña era consciente de su atractivo y no hacía nada para ocultarlo;  se mostraba muy vanidosa, por ser el  objeto de todas las miradas.  No  faltaban los piropos maliciosos que le sonrojaban las mejillas y las invitaciones tendenciosas de bajar  el Domingo a misa y saliendo ir  “La Cascada” a comer deliciosas golosinas de panadería asadas en horno y  leña y acompañadas con masato de maíz.
No fueron pocos los hombres que  con presentes agasajaron a doña Rosa  y se  mataron trabajando para ganarse a  Clemita.  “Trabajando pa ganar mujer”: esto implicaba demostrar a los suegros que era el mejor obrero y como tal el merecedor de la muchacha: Aparte de su tarea diaria, estos ilusos interesados en las hijas de los patrones acababan la salud desyerbando caña, trabajando en los cultivos de yuca y  en las enramadas, en “la molienda”, se levantaban al primer canto del gallo a torcer hilo de lazo,  y sin tinto salía a desayunar el ganado  “a cabuya” .Se acostaban muy tarde después de alistar comida y  leña para el fogón, ayudar a moler el maíz para las arepas y dejar batido el guarapo para el otro día los obreros.
Que decir de los presentes que  llegaban de parte de los galanes  para congraciar a la futura  suegra. Petacas de cuero  llenas  de pan fino, “mogolla rascapecho”, colaciones, mantecadas, variedad de galletas  y masato de la Cascada; además  piscos  y pollos gordos, “arepas gañaneras” con Güiva de frijol verde, molido y revuelto con cuajada; pan de maíz, “jayacos placeros” y arepas de maíz pelado, panela, batidillo, melcochas y alfandoques y “yuca berberiana”; es  de admirar tanta prodigalidad y trabajo que aún  caracteriza a los hijos de esta fértil y bondadosa tierra.  Por supuesto que  no podían faltar las botellas de vino y de sabajón acompañadas con  cajas de galletas con emotivos y coloridos dibujos para el costurero de  la niña Clemita. Muy frecuentes eran  las  invitaciones a la Cascada para  mamá e hija los domingos saliendo de “misa mayor”.
Si bien fueron incontables los admiradores de la hermosa y casamentera  muchacha; también fueron innumerables  las propuestas de matrimonio junto con las desilusiones y los desplantes   por montones que sufrieron los enamorados; Muchos fueron los suspiros, las   lágrimas  que   arrancó y las frustraciones  de los  querían tenerla en casa;  de  los chismes que se levantaron contra mamá e hija y los rumores maliciosos  y picarescos  de las pionadas y moliendas no nos vamos a ocupar por ahora apenas nos queda tiempo para parte de la aventuras  de dos de los  incansables  enamorados de tanta belleza.
Juan Cortés y Jesús María Rodríguez:  el uno un amor imposible, el otro un amor fácil. A no ser por el accidente en que uno de los rivales cayó dentro de la pipa,   llena de miel y necesaria  la intervención varios  hombres que lo  sacaron enmelotado de pie a cabeza, no hubiera habido un desenlace apresurado que  acabó con este  juego desigual  en que el duro corazón de la muchacha parecía coquetear a ambos lados.    
Juan Cortés, mejor conocido como Juan Cortico por su baja estatura, a la edad de de seis años fue cambiado  por tres arrobas de miel, sus vendedores fueron “reionosos” negociantes  de  miel que venían  de “Ciénega” en  Boyacá. Con  tres largos años como mandadero donde don Aurelio Peña pagó  su dulce precio  y quedó  libre. De nueve años llegó a la Bavaria acompañando a los arrieros de bueyes y mulas que traían  la miel y doña Rosa lo  recibió como sirviente;  desde entonces hizo parte de la familia y por así decirlo, de las propiedades de esta próspera empresaria del guarapo. Allí se quedó hasta  cuando  la patrona murió. Para los de la casa y allegados era Juanito; apenas superaba el metro de estatura, tenía  cara de reinoso pero en su hablado ya no se oía  sonsonete propio  de la gente del “reino”; era corto de espíritu, hablaba a media lengua y tenía una fuerza impresionante. Aunque parecía bobo, no lo era del todo; era una almita de Dios, incapaz de hacer mal y muy servicial; imprescindible en los quehaceres propios de la tienda y los oficios de afuera. Ayudó a cuidar a Clemita quien estaba de pecho cuando fue acogido en casa; más tarde fue  su fiel enamorado. Nunca se prendó de otra muchacha y su fidelidad a este iluso amor  lo acompañó hasta la tumba.

Fot: Ligia Ballesteros, Fabio Moreno, Miriam Vargas.


Juanito no tuvo en la Bavaria pago alguno por sus invaluables servicios, su retribución era  la comida igual que a los de la casa, guarapo el que se quisiera tomar, ropa la que le regalaban los familiares de doña Rosa cuando venían de Bogotá y  dormía en el zarzo  del rancho de los marranos. A pesar de tener toda la bebida a su disposición, apenas tomaba para la sed, jamás se le vio  borracho y de la casa salía únicamente para  asistir a  viacrucis y no faltaba los Domingos, a la  misa mayor, regresando muy temprano a cuidar la casa y trayéndole alguna golosina a la mujer de sus desvelos.
En la Bavaria había otros pintorescos personajes que vivían allí y se acomedían en diferentes quehaceres domésticos;  se contentaban apenas  con la comida y el  “guarapo güeno”. Estos eran los “arrimaos”. A Juanito nunca se le consideró  arrimao, tampoco tenía la categoría de peón, pués  no le pagaron salario alguno porque “mantenía sacando mujer”.
Desde luego que doña Rosa y Clemita aprovechaban muy bien al humilde enamorado: la niña le correspondía  con algunas sonrisas y una que otra palmadita en el hombro para convencerlo que hiciera las tareas que le correspondían a ella como recoger y lavar las totumas, cargar el agua para guarapo, cuidar las  vacas y los cerdos y de encime  quedarse hasta tarde de la noche lavando vasijas y aseando la tienda. Dicen que a escondidas le coqueteaba y le daba abracitos, esto únicamente cuando el  bobo se rebelaba  y no quería  ayudar con los quehaceres que le correspondían a ella.
 Por su parte la patrona no se cansaba de motivarlo: _“Trabaje duro Juanito, haga bien las cosas pa que la niña lo quiera, mire que al mal trabajador no se le da mujer”; el  flojo no goza mujer bonita. Seguidamente la vieja pícara en forma burlona y picándole el ojo a los presentes se hacía escuchar: -“La niña es pal Juanito hay se la ta ganando pero  a veces es a no trabajar el porquería y me dan ganas de mandalo ponde mano Belisario que lo ponga arriar güeyes y a trasnochar en las moliendas; allá no  hay muchachas pa que mire,  lo consientan y le sirvan  a tiempo la jartiña.
Jesús Antonio Rodríguez; para de los  afuera “el Chucho” y “don Chucho” para los de la casa, había hecho de la Bavaria su vivienda y al igual  que al Juan Cortico, no se le consideraba “arrimao”. El Chucho venía de la vereda San Antonio y tenía unos veinte años cuando se arrimó a  la Bavaria. Cuatro años mayor que la bella Clemita, muy buen mozo: Mono colorado, alto, pelo rubio, ojos verdes, ruana blanca, sombrero verde, siempre muy aseado en  su ropa y en su persona. Se ponía botines mientras los demás andaban con la pata al suelo, sabía leer y escribir mientras noventa y cinco por ciento de la gente era analfabeta; se preciaba  de leído e intelectual. No se mataba trabajando como los demás enamorados, muy raras veces se alquilaba a hacer algún trabajo como maestro en construcción y siempre se le tuvo por “haragán” y mantenido. Era un  mal obrero. No compraba guarapo ni para su misma tripa y no se congraciaba con la patrona y la Clemita con regalos o comprando  bebida para  todos los presentes. Por el contrario era invitado por los clientes y aunque tomaba harto no se veía borracho. Mantenía su compostura y se ganaba la bebida con el tiple y las coplas cargadas de malicia. De su repertorio al ritmo de:  “contra las piedras contra los trocos..” tenemos una pequeña muestra:
Si el alcalde se disgusta por verme con mi novia en la cocina,
Yo le digo:
No se ponga bravo señor alcalde
Que busté también lo hace asina.

Yo tenía mi tortolita
y  se me volvió torcaza.
Esta mañana juí y la tenté y…
¡Ave María que tortolaza!
Muchachita consentida:
dame lo que te pido, que no te pido la vida.
De la cintura pa bajo
Y de la rodilla parriba

Los amores entre el Chucho y la Clemita hubieran pasado inadvertidos, a no ser por dos incidentes,  que pusieron al descubierto el tan guardado secreto. Claro que de esto se comentaba en las moliendas, entre las “pionadas”,  en  tiendas de guarapo, entre las viejas lavanderas de ropa y era tema de moda entre las jóvenes chismosas. Oficialmente nada de  nada. Clemita era la niña juiciosa que iba a misa acompañada de la mamá, aunque tenía sus coqueteos propios de la mujer joven y bonita, no le paraba bolas a nadie y no se le conocía novio alguno;  y más de un sinvergüenza  se llevó su totumada de guarapo  la por “la jeta” cuando se propasaba con ella; eso sin hablar de la paliza con las varas de guayacán que se ganaba de  los borrachos  que envalentonados defendían el honor de la señorita. Esta niña por su recato, seriedad y juicio era el orgullo de doña Rosa y el ejemplo para las muchachas de los alrededores.
El primer indicio filtrado al público de aquellos amores ocultos fue cuando Joaquín, hermano Mayor de Chucho, joven, viudo, sin hijos, con su  buena estancia cultivada en yuca y “caña pa moler”; Además con  yunta de bueyes,  juicioso, buen maestro y muy buen obrero, habló con doña Rosa de que le dejara la muchacha para casarse y ella le dijo que por supuesto. Habló con la niña y también la respondió que “por supuesto don Juaquín”. El Chucho muy ofuscado se interpuso y reclamó con mucha energía:   -“Como así que le van  dejar  a la muchacha  a un aparecío que no se  ha jodío como yo  trabajando duro  de día y de noche, gastando tiempo y dinero y cuidando a la niña pa qui otro  ajortunao se la  lleve.   El  Juaquín que ni siquiera un presente a la patrona o a Clemita les  ha traído, y  teniendo güena plata; más tacaño pa ondi”.
 Ahí terminaron el impase: Joaquín no volvió por la tienda y el Chucho siguió tranquilo en su rutina pero sin hablar nada de casorio. Se decía que se iba para Bogotá a trabajar con otros hermanos que ya estaban allá.
Juan Cortico pasó a ser el  principal sospechoso de propiciar el accidente que dio con la zambullidla del Chucho entre la  miel. El hombrecito nunca aceptó tal a acusación: “Eso no juí yo. Eso son las malas lenguas que  no tienen ojicio pa “escuerar al probe”.  Y así en su hablado a media  lengua de esta afirmación nadie lo sacó.
Pués la caída del Chucho entre la  miel permitió que este empedernido rival del Juanito terminara cazado por la suegra y, casado con la hermosa flor de la Bavaria. Era así como se  referían  a la niña algunos improvisados poetas, -entre ellos el ilustre don Hermógenes Roa- ; estos trovadores   tomando guarapo, se deleitaban con piezas musicales dedicadas a tan hermosa flor. El  son de los tiples y maracas era un  ritmo alegre e  imparable de:  “contra las piedras, contra los troncos, contra las piedras contra los troncos” contra las piedras, contra los troncos…” .Así se armaban   los bailes, se entonaban las coplas jocosas y maliciosas, mientras  los “jartos” aplaudían,  las muchachas   se ruborizaban, algunas  corrían hacia la cocina o agachaban y escondían la cara llenas de vergüenza.
Haciendo memoria de la tarde en que el  Juan Cortico por su propia cuenta se encargó de vaciar la miel de los zurrones en la pipa grande que estaba en el dormitorio de Clemita y el raro accidente de esa noche, nos lleva necesariamente a intuir que Juanito sabía lo que los demás no sabían y debía estar muy celoso por lo que estaba pasando. Claramente tenía que haber una alta  traición de parte de su preferida; la hermosa muchacha le estaría pagando mal a  tan esmerado amor y sacrificio  por ella . Así las cosas concluimos que  el trabajo con la miel lo hizo  solo, sin pedir ayuda  y no se cuidó de colocarle la tapa a la pipa. Esa sería su dulce venganza.
A eso de las once de la noche con mucha destreza el chucho habiendo escalado la alta pared de tapia pisada que lo separaba del interior de la vivienda, ya trepado sobre la estructura de la casa construida con  grandes  varas  de madera,  se deslizó gateando por sobre las vigas más gruesas, pasó por encima de la tienda y  del dormitorio de doña Rosa y llegó justo encima  de la pieza de Clemita. Tal como era su costumbre de muchas noches; en lo escuro saltó sobre la pipa, pues de allí  le quedaba fácil llegar al suelo y acomodarse en la cama  al lado de la bella durmiente.
-“Enciendan el “alumbrao” que “quenseque” animal cayó entre la miel” Gritó doña Rosa, despertada por el  fuerte chapuzón y los gritos de miedo de su hija que pedía auxilio.
Alumbrando con velas de cebo y una improvisada mechera o lámpara de petróleo, cuatro hombres, utilizando un lazo de amarrar las vacas al que pasaron  por encima de una viga y con la otra punta amarraron al náufrago por debajo de los sobacos y halaron con toda fuerza. El hombre salió de alla chorreando miel por todas partes y  sin molestarse en dar las gracias se perdió en la oscuridad. Muy cansada la patrona se levantó y le dio guarapo a los rescatistas, les encomendó mantener el secreto y a  Clemita la sentenció con voz de regaño: “mañana arreglamos cuentas”.
-Clareando el día llegó  el enmelotado a la casa de la comadre Dorotea -“Buenos días comadrita, busque “sumercé” una muda de ropa  limpia y me la da pa quitame estos chiros porque me puse de lambón a ayudar a descargar miel y reviéntese un podrío zurrón y mire como me volvió”.
El miércoles siguiente hubo en la Bavaria un sabroso piquete por invitación de doña Rosa. A este convite asistieron como únicos invitados: don Eliecer Ramírez, alcalde municipal; don Escipión Rodríguez, inspector de Policía; “Su Señoría Pineda”, párroco de Miraflores; El presidente  de la legión de María y su esposa Beatricita, insigne representante de las hijas de María y el comisario de la vereda. Por supuesto que la anfitriona acompañaba muy solemnemente a tan selecto grupo de la sociedad mirafloreña.
Debía ser tan trascendental y tan delicado el asunto a tratar porque se improvisó un comedor fuera de del alcance de  oídos indiscretos,  a  la sombra de uno de los grandes   pinos que rodeaban la casa; allí se sirvió  sancocho de gallina preparado con yuca berberiana, plátano; “papa pepina” comprada a los reinosos y “papa londri” de color rojizo y en forma de riñón traída por los sanantoneños;  la abundancia fue tal que cada invitado llevó para su casa un  envoltorio en hojas de plátano repletos de arepas y presas de gallina.  Como bebida esta vez no hubo guarapo; fueron destapadas sendas botellas de cerveza Bavaria compradas especialmente para la ocasión y que hasta ese  entonces aún no  representaba competencia seria y desleal para la industria del Guarapo. Clemita no acompañó  tan ilustres  personajes y lo allí tratado y acordado se hizo  en voz baja y conservando la  mayor discreción.
El viernes siguiente con las primeras luces del día llegó a la molienda en la enramada de don Primitivo Alfonso, don Jesús Segura; corpulento y estricto comisario de la vereda; hombre de mucho aliento. En su muñeca derecha el ejecutor de las órdenes  llevaba enmanijada la tradicional vara de guayacán con regatón de acero y rejo torcido, mientras en la mano izquierda dejaba ver un lazo nuevo de fique, sin estrenar y bien enchipado.
-“Buenos días mis tseñorcitos. - Me tocó venime de madrugada porque se me escapó un burrito blanco,  ya  hizo daño en la Bavaria y debe estar por aquí  haciendo perjuicios en la labranza”.
- No señor por aquí no ha venido el animal , ni hemos encontrado rastros   de daño.
- Ummm, no tseñorsitos, quen sabe, ese va  a tar   haciendo daño entre la caña y voy a traerlo.
Pasado un buen rato regresó el comisario trayendo  mansito al Chucho por delante sin necesidad de hacer uso del lazo y  terciado el amenazante  guayacán;  así como arreándolo lo llevó hasta la entrada del pueblo llegando a  la esquina  de don Torcuato donde los esperaba Doña Rosa y Clemita arreglada con largo vestido blanco, ramo de flores,  y velo transparente  debajo del sombreo de jipa; las acompañaban el  presidente de la legión de María, y la señora Beatricita, quienes habían sido hablados de antemano para ser los padrinos de matrimonio; También estaban   el Inspector de Policía y el Sacristán; este último  se despachó rápidamente para dar el repique de campanas anunciando la misa.
Con ropa fina, ruana,  sombrero blanco y botines, todo nuevo y todo comprado por la suegra, salió el Chucho de la casa sin casi poder manejar los zapatos nuevos; en esta condición muy obedientico caminó por la calle  siguiendo al presidente de la  legión de María y con el comisario y el inspector de policía uno a cada lado; las mujeres muy pegaditas a sus espaldas cerraban la marcha; Así lo arrimaron hasta el altar mayor, donde Clemita lo agarró de la mano y lo llevó hasta quedar  frente  a su Señoría Pineda quien  les impartió la bendición mientras se juraban amor eterno hasta que la muerte los separara;  en verdad nunca rompieron  el  juramento.
Tamaño urgencia  del casorio, en boca de los burlones de la época, no obedeció a que la niña hubiera sido  desflorada sino porque la tan recatada Clemita  ya estaba “cargando miel”[1]
Terminada la ceremonia de casamiento hubo tremendo convite donde se sirvieron el reservado de La Cascada una variedad de productos de panadería, masato de maíz, masato de arroz, las mantecadas, las colaciones y tantas sabrosuras que se nos hace agua la boca con apenas  recordar. Allí los invitados fueron los mismos que estuvieron el miércoles anterior en el piquete de la Bavaria;  esta vez acompañados de los recién casados.
Mientras esto sucedía en el pueblo,  el revuelo en la Bavaria no era para menos, el guarapo y la chicaha de maíz con pata de res  hervían sin parar, apresuradas  mujeres pelando gallinas, obreros con cargas de comida, el marrano listo para el sacrificio, los músicos afinando sus instrumentos y las muchachas entre vergonzosas y animadas con ansiedad esperaban el baile y el Juan Cortico en el horno de leña hacía chirrear las latas llenas de arepas de maíz con abundante cuajada , pan de maíz pelado, yucos,  rosquillas y almojábanas y “galletas de cernido” y colaciones.
En La pieza de Clemita  metieron una antigua  cama doble para que los recién casados pasaran su primera noche  luna de miel;  se aseó toda la  casa bajando hasta las telarañas y  la gente se puso la ropa y los alpargates  de ir el domingo a misa.
Desde ese día el depósito de la miel fue trasladado al rancho donde dormía el Juan Cortico y hoy  se sabe que la tramposa  pipa de los amores permanece arrimada en un rincón de la vieja casona.


DEDICATORIA ESPECIAL
-A nuestro Creador y  Señor de los reyes
-A mi querida esposa y a mis hijos.
A Héctor Roldán, quien me motivó a escribir y sus escritos para mi son especiales y ejemplo de dedicación  y amor a nuestra tierra, a  sus tradiciones y a su cultura
A  Elizabeth Moreno Guzmán  quien me ha deleitado con sus libros
A  los hermanos Luz y Carlos Castillo  Quintero
A nuestro querido amigo Luis Roa Rubio de quien conozco de su interés por nuestra cultura. Así  mismo a mi hermano del alma Pablo Castillo Rodríguez, a Rafael Alfonso Palacios y a tantos amigos que han hecho posible que la historia se escriba.
Por supuesto a los finaditos entre ellos mi padre Roberto y mi madrastra  que en muchas veladas contribuyeron a enriquecer este mamotreto.
A toda mi querida gente de Miraflores y Lengupá.




[1] - Expresión despectiva y burlona usada en la época para referirse a las mujeres con el vientre abultado por el embarazo, esto debido a su  semejanza con la figura de un hombre alzando un zurrón lleno de miel sobre un animal de carga.

domingo, 16 de junio de 2013

LAS PATRULLAS.

Casquiflojas.

Fot Miraflores Boyaca. 

Herlinda, Julia y Cecilia, tres hermosas jóvenes  que en el año 1971 tenían 20, 25 y 28 años respectivamente, eran hijas de doña Eloísa, una  señora que vendía, envueltos de mazorca y de maíz pelado los días de mercado en Miraflores; es decir los días Jueves, y domingos, los demás días de la semana  realizaba labores de lavado y planchado de ropa, en su casa, mientras atendía una venta de guarapo; por el lado del Rayo, también  Eloísa, para completar lo de sus gastos, hacia  pasteles de yuca rellenos de  arroz , carne, arveja, y zanahoria, mismos que freía en manteca la sevillana, ya que en esa época,  solo había en el mercado la manteca de cerdo, la manteca de res, y las mantecas de origen animal, como era la sevillana; en esa época, no era común encontrar o usar aceites de ningún tipo; por supuesto sus pasteles bien grasosos, los llevaba en un canasto, mientras en un  una ollita pequeña llevaba  un picado de  cilantro, cebolla y tomate, cargado con  un ají bien picante que compraba embotellado en la plaza de mercado y que era comercializado por doña Blanca; los pasteles eran acomodados muy bien dentro de hojas de plátano debidamente pasadas por fuego y los cubría con las mismas, de manera que se conservaba el calor por un tiempo mayor, luego la venta debía hacerse  lo más pronto posible, para evitar que al enfriarse  los pasteles, la manteca se coagulara y no pudieran ser consumidos de manera agradable, estos pasteles, los vendía en las diferentes tiendas del pueblo, especialmente en donde había personas tomando licor.

Las tres hijas, jamás conocieron a su padre,  debido a que su madre, siempre se negó a manifestarlo, por miedo,  o por vergüenza con ellas, además, porque en el f0ndo de su corazón no sabía con exactitud quien era el padre de cada una de estas tres jóvenes; ya que había tenido relaciones sexuales, un poco desordenadas  y había convivido con varios hombres como pareja por tiempos   cortos, lo que le dificultaba aun mas, saber con exactitud el origen de cada uno de sus embarazos.

Sus tres hermosa hijas, día a día le  ayudaban a Eloísa, con los quehaceres del día; se levantaban muy a las tres de la mañana a  alistar el maíz para los envueltos, la yuca para los pasteles,  y a alistar su  ropa  y zapatos, para ir a la escuela a estudiar; su rutina era diaria y durante toda la semana,  descansando solamente el día  domingo después de la misa de doce,  permiso que  Eloísa les daba a sus hijas sagradamente todos los domingos, hasta las 11 de la noche máximo, mientras ella atendía los borrachos del pueblo y de las veredas allí en su guarapería.

En las tardes después de la llegada de la escuela, las jóvenes muchachas debían lavar  su  uniforme,  hacer otros oficios de la casa y batir el guarapo para el siguiente día, para esta labor, debían quitarse la ropa interior del día y  así sin lavar ponerla dentro de la gran olla de barro que contenía la súpia, (Fermento para la bebida) , le agregaban  buena cantidad de miel de caña, un poco  sal y  agua, luego tapaban con una tabla de madera y colocaban una piedra encima para sostener la tabla, de esa manera  el guarapo empezaba la fermentación  y estaría listo para los primeros clientes del siguiente día.  Esta rutina de colocar dentro la olla de guarapo, la ropa interior de las jóvenes, hacía que la clientela fuera más fiel, es decir era un método de fidelización de clientes, los cuales siempre permanecían allí comprando y bebiendo la singular bebida, hecha de  los jugos de la caña mirafloreña, y acompañados de los sabores ocultos de los  calzones de las hermosas jóvenes

Unos de sus primeros clientes en llegar era Roque, y  Carrillo, acompañado de otros tantos escobitas del pueblo, y  algunos muchachos que arreaban ganado entre Páez y Miraflores, quienes día a día,  dejaban los billeticos allí a primera hora,  ya que el guarapo de Eloísa era uno de los más famosos dentro del gremio, no solo por su calidad, sabor  y fermento, sino por el ingrediente que permaneció como receta secreta de familia, hasta el día en que la inspección de policía en compañía de la renta departamental llegaron a su casa a revisar  y encontraron tan singular receta y secreto,que era el  ingrediente de fidelización de clientes, y que enamoraba a los asiduos bebedores.

Los días domingos, en horas de la tarde y  a primeras horas de la noche, Eloísa aprovechaba  la gran cantidad de clientes allí en su negocio, para tener relaciones sexuales con  quien  hiciera la propuesta, obviamente a cambio de algunos pesos de más.

Eloísa siempre fue responsable económicamente con sus hijas; jamás les faltó ni sus uniformes, cuadernos, lapiceros y libros, ni sus buenos vestidos y zapatos, sino que además siempre tuvieron buena disponibilidad de dinero que llevaban a diario a la escuela para sus onces.

Mientras Eloísa atendía sus negocios, las jóvenes después de misa salían a recorrer el pueblo; partían de la iglesia San Joaquín de Miraflores,  hacia el  alto de Santa Bárbara, hasta la ceiba del  pozuelo, luego regresaban y tomaban la calle del hospital Elías Olarte, pasando por el frente de la casa de Doña Sara, una señora que fue bibliotecaria del colegio por muchos años, hasta llegar nuevamente al parque,   su camino continuaba por la calle  que conduce al ocobo, la palma y el cementerio,  dando la vuelta por la avenida Romero Hernández, por la plaza de mercado, luego  hacia la calle del matadero y subían hacia la frontera hasta llegar al campín, luego regresaban   y en la frontera tomaban  la calle que conduce, a  donde es hoy el hospital Elías Olarte, y regresaban;   bien por calle de la casa del doctor Pineda, o por la calle del club social,  y  así hasta completar un circuito , en donde no quedaba  lugar  alguno por donde las  patrullas  no hubieren pasado sin revisión alguna.

La rutina de recorrer el pueblo, domingo a domingo y palmo a palmo, tenía que ver  con varios aspectos, uno de los principales era ver si alguno de los amantes de su madre estaba en alguna cantina o guarapería tomando y compartiendo con otras mujeres,  estar actualizadas de  lo que ocurría en el pueblo y también sin que la madre lo supiera, ellas iban en busca de sus clientes especiales, los cuales invitaban   a tener relaciones sexuales a cambio de algunos pesos. Los clientes de las jóvenes eran comerciantes, farmaceutas, algunos profesionales del entonces,  muchachos jóvenes estudiantes del colegio, ganaderos y  trasportadores, ellas buscaban los diferentes clientes  en los diferentes lugares, y esperando la penumbra se internaban en algún lugar, en donde  satisfacían los requerimientos sexuales de parte y parte.

Las patrullas, aprendieron a manejar sus clientes con un mecanismo de fidelización especial,  ya que las tres hermanas se acompañaban siempre y  de manera silenciosa,  no solo veían el espectáculo, sino que además   guardaban el secreto especialmente de personas  que hacían uso de sus servicios, a cambio de regalitos, los usuarios, generalmente casados, y con buena capacidad de pago, eran los predilectos.

El modo de accionar de las patrullas, después de cada faena  con el cliente especial, era pasar domingo a domingo por los almacenes, farmacias y demás, insinuando  una nueva faena, por supuesto con pago;  pago extorsivo que los clientes hacían con dinero en efectivo, joyas,  y mercancías como  medicamentos, perfumes, telas, zapatos, o licor; mismo que comercializaban y vendían a precios bajos a muchos jóvenes de la época.

Las patrullas operaron durante unos tres años,  hasta que  las tres al tiempo quedaron en embarazo; al igual que su madre, nunca supieron el nombre de los padres de sus hijos, sin embargo siguieron obteniendo  dinero  de muchos, ya que todos aquellos que habían tenido relaciones sexuales en los últimos meses, se sentían culpables y responsables de  este hecho, y para evitar el escándalo seguían entregando dinero a cambio de su silencio.  Nueve meses después del nacimiento de sus hijos y luego de la muerte de su madre quien falleció de una   enfermedad , que  los galenos locales no pudieron diagnosticar, pero que en el Instituto Nacional de Cancerología  fue confirmada como un  cáncer de Útero causado por  el virus del papiloma humano VPH, en estado avanzado, uno de los clientes, las llevo  a las tres para la capital y allí las puso a vivir en una casa, por el barrio Bosque Popular,  y les ayudo de manera permanente y en secreto  de amigos y familiares,  ya que este personaje era uno de los mas prestantes del pueblo y no podía permitir que  su moral,   el amor por su esposa y por sus hijos fuera puesto en duda ni un solo instante.

El fulano murió años después,  producto de una cirrosis causada por el exceso de alcohol que  día a día después de su trabajo consumía en  el club social, o en el café de los parasoles,  acompañado de  sus mejores amigos del entonces.


De las patrullas, no se volvió a saber prontamente, años después, se supo, que eran  las amantes de unos unos paisanos  y  amigos de Gonzalo Rodríguez Gacha,  que  Vivían en  el Rodadero en  Santa Marta, que  se habían hecho  varias cirugías estéticas   de cola, abdomen y mamas, pues debían estar no solo a la moda, sino que debían seguir conservando el atractivo que pedían sus nuevos  benefactores. Pues como dice la novela  “sin tetas no hay paraíso”. Ni para! Eso!.

Este relato se hace gracias a la colaboración de un paisano que oculta su nombre,  es como se decía en las complacencias  de Ciro Espejo, hace años por los lados de la plaza de mercado, en la caseta frente a doña Santos.

jueves, 31 de mayo de 2012

La Zorra Perruna... en el Lengupa....


La Zorra Perruna.

Cúpula iglesia de Miraflores.
Las leyendas y los mitos en toda la región del Lengupá;   son  o  eran  relatos  misteriosos, hablados que los padres transmitían a sus hijos de generación en generación.

Los relatos  sobre los diferentes mitos y leyendas eran   historias contadas, con pelos y señales sobre acontecimientos que decían habían sucedido;  y  habitualmente, eran relatados en horas de la noche cuando la familia se reunía  en la cocina alrededor del fogón de leña, mientras se tostaba, o molía el café, o cuando  se estaba pelando el maíz para la elaboración de arepas, o  cuando se tenían obreros  en las fincas para actividades como la molienda;  recogida del café, “cogache(desmalezado con machete) de potreros, y otras actividades propias; los relatos contados, coincidían casi siempre con actividades que se  salían del horario normal dentro de la finca; es decir después de las 7  de la noche; jamás he escuchado un relato en horas de la mañana o en horas del medio día, o en horas de la tarde; todos son en horas nocturnas ; y esto creo que encierra la parte misteriosa de las historias. 

Luna Llena Miraflores Boyacá.
Cuando la abuela o los mayores contaban estas historias; todos permanecíamos muy cerca  en contacto con alguno de ellos ya que cada una de estas historias causaban en nuestra niñez mucho miedo y temor por los espantos; y como los adultos decían que era cierto los niños en medio de la inocencia les creíamos; y más cuando en los relatos participaba otra persona, aseverando lo contado y reafirmando con otra historia similar que él conocía  de amigos o familia que eran de otras veredas o fincas; entonces el relato se convertía en algo real.

La Zorra perruna en Miraflores  y toda la región del Lengupá encierra el misterio de la mujer mala, convertida en belleza y luego en fiera que devora hombres  borrachos,  jugadores y mujeriegos.

Se dice que la Zorra Perruna  fue una mujer muy bonita,  criada dentro de una familia creyente en Dios; que hace muchos pero muchos años, cuando empezó su adolescencia y estaba apta para la procreación, se las dio de FUFURUFA  teniendo relaciones sexuales con muchos hombres, y quedando embarazada, año tras año… por lo que tuvo muchos hijos; sin embargo cada vez  que nacía uno de sus hijos, esta los regalaba, o los dejaba botados para que alguien los encontrara o  se murieran.

Luego de haber tenido más de 20 hijos   murió, y jamás pudo entrar en el reino de Dios porque su comportamiento  en vida fue  de desorden total en lo relacionado con su vida personal, y con  el destino final de cada hijo.

Entonces su alma en pena empezó  a deambular por el mundo terrenal,  en búsqueda de venganza contra los hombres que de manera irresponsable la habían igualmente embarazado; porque ningún hombre había aceptado la responsabilidad de sus embarazos, por ser igualmente una mujer  casquivana, casquifloja o bandida, en resumen  UNA ZORRA.

Luna .
La zorra perruna se aparecia siempre en noches de luna llena, o en menguante, en los lugares en donde estaban los hombres bebiendo guarapo, o chicha, pero también se aparecía en los trabajos especialmente en los relacionados con la molienda, o en los diferentes caminos rurales que conducían del pueblo a las veredas.

Borrachito de Miraflores.
Uno de los aspectos importantes de los canticos en la molienda, precisamente es  con el objetivo de no dormirse;  porque además de ser peligroso laboralmente para los obreros, era peligroso también por la presencia de la Zorra Perruna en la actividad; luego si llegaba  allí al lugar de la molienda los seducía, los dormía y los mataba.

Se dice que casi siempre llegaba  como una mujer joven muy linda, sensual, con hermosos labios seductores, bien vestida y con grandes escotes, que dejaban ver parte de sus  abultados senos; y pedía a los hombres, algo para beber o comer; mientras de manera coqueta los invitaba a irse con ella hacia un lugar apartado, solitario y oscuro. 

Una vez allí en la faena amorosa se convertía en un animal feroz que era una mezcla entre Zorra y Perra, que con sus grandes fauces, dientes y colmillos devoraba a quien osaba irse con ella; y en ocasiones cuando los obreros estaban muy borrachos  por acción del guarapo; esta se llevaba no a uno sino a varios y  a todos los descuartizaba y se los merendaba.

En otras ocasiones llegaba como una humilde anciana, alta, blanca, de ojos  muy claros; y pidiendo donde pasar la noche en ese lugar, casi siempre los hombres se lo permitan por su avanzada edad, entonces  los dormía  e igualmente convertida entre Zorra y Perra  los asesinaba.

En una oportunidad, escuche decir que esta mujer  joven y bonita, llego convertida en una mula a una finca en donde hacían una molienda, y que se alimentaba de todos los desperdicios que  dejaban los obreros; esta mula era de tamaño grande,  de pelaje muy reluciente y fino; pero  sobre todo muy mansa.


La mula permanecía allí muy cerca de  las enramadas y se dejaba acariciar, mientras le daban alimento, pero una vez le  intentaban amarrar,  se ponía  muy furiosa pateando  muy fuerte a quien se le acercara, pero si un hombre  la acariciaba y no  intentaba amarrarla entonces ella se  dejaba acariciar, mientras  iba caminando lentamente de manera muy sutil y sin darse cuenta el hombre, llegaban aun un monte solitario y allí  se convertía en mujer muy hermosa que cautivaba, entonces embelesaba al hombre y cuando estaban teniendo relaciones sexuales  se convertía inmediatamente en Zorra y Perra y lo consumía despiadadamente.

Zorra Perruna.
En otra ocasión un hombre muy borracho y que había estado con su amante por varios días,  iba con destino a la casa por el lado del Andrino y como a las 10 de la noche en el  alto del toldo quedo dormido; entonces apareció mientras dormía una mula muy mansa y aperada que lo despertó dándole golpes al piso con sus patas  bien herradas, luego el borrachito se subió sobre la mula para que lo llevara a su destino final en donde lo esperaba su esposa y sus hijos; pero este  no llego, porque la Zorra Perruna convertida en Mula lo cargo hacia otro lado y por allá en un lugar solitario, se convirtió en mujer, luego en Zorra Perruna y se lo devoro, sin dejar rastro..
Mula en el camino
Entonces como la Zorra Perruna solo  se le aparecía a los hombres borrachos, mujeriegos, jugadores y trasnochadores; mi abuela nos decía siempre  que debíamos ser buenos hijos, padres y esposos    fieles, porque si no  podíamos ser perseguidos por la Zorra Perruna y correríamos la misma suerte de muchos, pero que también había una manera de alejarla  y evitar que uno NO fuera víctima de ella, entonces como la Zorra Perruna era hija de personas muy creyentes, se sabía todas las oraciones,  por lo que  rezar no la espantaba sino que ella se unía a la rezada.

Luego Dios en su infinita Misericordia, le entrego a los sacerdotes  las trece palabras que se debían decir  hacia adelante y hacia atrás trece veces y de manera fuerte, muy fuerte, entonces con esas palabras la zorra Perruna se alejaba con  grandes gemidos y llantos por no haber podido tener otro hombre más dentro de su cuerpo.

La abuela de manera coloquial, muy seria  y con mucho convencimiento y paciencia nos enseñaba estas palabras y  de vez en cuando  nos pedía la lección; porque no quería que ninguno de sus nietos termináramos en brazos de una Zorra  o una Perra, debió ser porque sospechaba que íbamos a salir como muchos en la familia parranderos y mujeriegos….

Acá les dejo las trece palabras, no las recuerdo todas pero  ahí van por si se les aparece una Perra o una Zorra o las dos y se los quiere llevar a un lugar solitario y después comérselos……. Jajajajaja… entonces si no las quieren acompañar; con estas palabras por lo menos la pueden alejar un ratito mientras amanece….

Las trece palabras
Ø  la una, la una, la casa de de Jerusalén
Ø  las dos las dos tablas de Moisés
Ø  las tres las tres Marías.
Ø  Los cuatro los cuatro evangelios
Ø  las cinco  las cinco llagas
Ø  los seis los seis xxxx ( no recuerdo)
Ø  los siete  los siete días
Ø   los ocho  los ocho xxxx ( no recuerdo)
Ø  los nueve  los nueve meses
Ø  los diez  los diez mandamientos
Ø  las once las once mil l vírgenes
Ø  los doce los doce apóstoles
Ø  las trece las trece palabras que Dios nos dio para defendernos…

Lo interesante de todo este tema es la convicción con que eran relatadas las historias, mas la función implícita de educar   y formar hijos con el temor de Dios, y socialmente responsables en sus relaciones de familia. (NO BORRACHOS, MUJERIEGOS, NO JUGADORES Y MUY FIELES A SU ESPOSA), principalmente porque  todos estos espantos   le salían solo a  los hombres con  características opuestas es decir a los borrachos, jugadores, mujeriegos e infieles.

Por otro lado , la perdida de esa tradición oral,  de cómo esas historias tan especiales y llenas de misterio  y miedo hacían  que los sentidos se agudizaran, que la imaginación volara y se formara dentro de nuestra mente muchas imágenes con paisajes asombrosos, pintorescos, sombríos y sobre todo con muchos detalles que nos llevaban a vivir y a sentir como si fuera una película proyectada en el mejor teatro y aunque no había música de fondo; si habían muchos efectos especiales  en cada frase, en cada comentario, que iban acompañados de diferentes tonalidades de voz, pausas, maneras de ver, expresiones de cara y asombro entre el relator  y  los asistentes  cada vez que se decía una frase dependiendo de la escena y relato contado….. 

No faltaba el adulto que se escondía y  aparecía pegando un grito o  dejando caer una olla al piso, lo que nos tomaba de sorpresa, mientras los gritos de todos los niños presentes se oían muy fuerte y algunos del susto nos orinábamos en la ropa, ya que  no  salíamos  a orinar  durante largo rato por miedo a que  se nos apareciera el espanto…… mientras los adultos se reían a carcajadas, la abuela enfurecida llamaba al orden para que no nos asustaran de esa manera, pero el susto ya no lo había dado ella con sus cuentos de espantos……

miércoles, 9 de mayo de 2012

Relato de una molienda ….PARTE II


Descripcion  general …

Una vez iniciado el primer giro;  el prensero inicia con  la  introducción de la caña al trapiche, a través de las mazas; las mazas,  son rodillos acanalados, ubicados juntos de manera vertical y son los que forman en si el trapiche.

Enramada típica Miraflores Boy . fot.Int.

El lugar  de trabajo denominado enramada, es una casa grande, abierta sostenida en columnas  hechas en barro o en adobe de barro sobre las cuales van los soportes que sostienen las tejas elaboradas en barro,  dentro de esta construcción se ubica, el trapiche, dispuesto sobre un tronco de madera grueso, firme en el piso, y muy bien nivelado, mismo que después cambio por el pedestal hecho en cemento;  junto al trapiche esta el área menor de descargue y abastecimiento de caña, misma que es separada del paseo   de la yunta por un par de  maderos que permiten tener la caña siempre bien arrumada  para facilitar la labor del prensero; a continuación esta el paseo , lugar por donde transita la yunta, debidamente amarrada a la balanza del trapiche.

Paseo. Fot L.Ballesteros.

De la parte lateral y baja del trapiche, sale un canal del mismo material del trapiche, que conecta a una canaleta hecha con guadua, madera,  u otro material que  recoge los jugos frescos y dulces  de la caña  y permite llevarlos, a un primer recipiente de almacenamiento temporal  en donde se hace una pequeña y rápida limpieza, luego  está ubicada a un lado, entre el paseo y la hornilla, el área de la   bagacera,  lugar destinado al almacenamiento  del bagazo, producto residual  fibroso que sale luego de haber pasado la caña por el trapiche y haber extraído sus jugos.
Bagacera. Fot,Hr.


En la parte inferior de las enramadas generalmente se encuentra  ubicado el horno u hornilla, la cual es un túnel largo   por donde  se encauza fuego, siendo el combustible la leña  y el bagazo; sobre esta hornilla a lo largo de ella se ubican los fondos; recipientes  de cobre, que van debidamente incrustados a la hornilla y que sirven como receptores del jugo de caña o guarapo, mismos  que van   recibiendo por la parte inferior el fuego o calor proveniente de la hornilla en el proceso de la transformación.
Hornilla.  Miraflores Boyaca  Fot. Miriam Vargas.


Recuerdo   cuando  se deterioraban los fondos de cobre; se debían  llevar al taller de don Rosendo Arenas, ubicado en el barrio el rayo, o a donde el señor Guerrero en el barrio la palma, ellos allí tenían sus talleres de reparación y fabricación de fondos y otras herramientas; estos talleres por todos muy conocidos y de fácil referencia  y recordación, ya que cuando se pasaba por el frente de los talleres, se sentía el martillar fuerte  y el olor característico a carbón mineral  quemado, que era usado para la fundición.

Fondos sobre la parrilla.

Dentro del proceso   de transformación de los jugos de la caña, participan varias personas que tienen un cargo asignado y que generalmente  ya son experimentadas en dicha labor, pero que van intercambiando  o se van rotando a medida que va pasando el tiempo de la molienda.

Hornero.

Los arrieros  intercambian con el prensero, mientras que los horneros intercambian con los fonderos o paileros  personas que están atentos de los fondos para  dar el punto exacto de cocción

Luego  podemos resumir un equipo de trabajo  que participa en la molienda asi.

Fondero  Miraflores Boy. Fot.L ballesteros.

Corteros, Arrieros, Cargadores, Prenseros, Horneros, Fonderos o Paileros y ayudantes.

Los  trabajadores se distinguían por clase, y tipo de trabajo, es decir  había un mayor pago para aquellos de mayor responsabilidad  tales como el prensero, el hornero y el fondero o pailero, aunque el trabajo se realiza en equipo, estos tenían más responsabilidad, frente al proceso, por lo que se debían escoger personas responsables y experimentadas en  la materia; misma experiencia que era aprovechada por ellos para ser más exigentes en cuanto a pago, comida y bebida, eran  unos buenos gañanes, gente ruda, ordinaria, vulgar, y grosera dentro del proceso pero muy buenos trabajadores.

Cuando la molienda era de varias semanas se tenían dos equipos de trabajo que se turnaban cada 12 horas.

La molienda en si  consiste en  arrimar la caña  cerca al trapiche o a la enramada, quitarle los cogollos , que sirven como alimento para las bestias y los bueyes, introducir la caña en  el trapiche, por el prensero, mientras el arriero acosa los bueyes con una ijana y con gritos, el hornero  prende, atiza, y mantiene el fuego, y los fonderos o paileros  limpian, baten y mezclan los líquidos mientras estos hierven y esperan a que los jugos   estén listos por acción del calor  y den el punto exacto bien para la miel o la panela.

Desde el mismo momento en que  inicia la  extracción de jugos  hasta la finalización del proceso, los obreros van entonado fuertemente  canticos y coplas, también van contando chistes y anécdotas de todos los calibres, colores y sabores, esto tiene el propósito de hacer más placentero el trabajo, permitiéndoles además estar despiertos durante la dura jornada de trabajo ya que este es un oficio que  tiene muchos riesgos.

Hay  eventos que son muy singulares dentro del proceso, como lo son los canticos,  el rico olor a miel fresca, el punteado de la miel,  y la hechura de la panela. Eventos que involucran  nuestros  5 sentidos. Los dos primeros  son captados por nuestro oído y olfato a la distancia, mientras los ojos y el tacto y el gusto, funcionan al máximo en los dos últimos.

Los canticos  y coplas se entonan  a gritos, de manera alterna,  uno inicia y el otro le responde en verso,   con largas terminaciones. Mientras la muletilla la hacen todos los obreros; estos canticos algunos ya son definidos y otros son improvisados en el mismo momento, un cantico acompañado de coplas que aun recuerdo es el siguinete:


aaaaaaaaaaaaaaaaaaaay


Oooooooolelitaaaaaaa  y ooolelailaaaaaaaaaa.  Olelita y olealilaaaaaaaa


mi mama me dio un tizoooooonnn  
pa que Le pusiera juegoooo
a la dueña de mi amooooor


Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaay…….
Oleee litaaaaaa y ooooolelaillaaaaaaaa


Casarme yo si queriaaaaaaaa
Pero me salioo una vijeaaaaaa
arrugada y bien jodiaaaaaaaaaaaa.


Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaay
Olelita y olelailaaaaaaaa


En mi trapicheeee metiiiiiiiii
una caña bien moraaaaa,
la metiiiii a la media nocheeeee,
la saque en la madrugaaaaaaa.


Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaay
ooolelitaaaaaa y olelailaaaaaa,


La caña siempre es la cañaaaaaaaaa
y ella siente su doloooooooor 
pues la meten al trapicheeeeee
que le  oporime el corazooooooon


Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaay
olelita y olealilaaaaaaaa


Esto dijo doña barbaraaaaaaaaa
mientras escuchaba un truenooooo
cuando la chicha se acabaaaaaa
los cunchos también son guenooooos


Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaay
olelita y olelailaaaaaaaa


Dame lo que yo le pidoooooooo
que no le pido la vidaaaaa
de la cintura pa bajoooooo
y de la rodilla arribaaaa.


Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaay
Olelita y olelailaaaaaaaa


Alla ribaaaaa en aquel altoooooo
Ta cantando  un  jirigüeloooooo
Y en ese cantoo le diceeeeee
Cierre la jeta pendejooooooo.

Molienda en  plena acción Miraflores. Fot L. Ballesteros.

Mientras estos canticos  y coplas se dicen,  los bueyes van girando y girando, el arriero caminando y puyando, el prensero empujando la caña, el trapiche moliendo, el jugo moviéndose por la canaleta,  el hornero atizando el fuego y el pailero pasando guarapo de la  caña de un fondo a otro con un remellón….